Manuel Sotelino

Después de haberse despedazado el conocido G-10, un órgano que ni tan siquiera sé quienes lo integraban porque desde un comienzo ya me pareció que poco iba solucionar, estamos ahora en nuevas teorías para salvaguardar la Fiesta de los Toros.

Comienzo a escuchar como argumento para la recuperación de aficionados a los toros una especie de nueva relación entre los protagonistas del espectáculo –toros y toreros- y los aficionados. Ayer así lo decía Victorino Martín García. Algo más o menos que la solución pasa por acercar más al aficionado a los toreros y a los toros. Además también reivindicaba un mayor protagonismo del aficionado a la hora de componer carteles y ferias como ocurre en Francia.

A mí esta argumentación me parece tan fuera de cacho como cuando el G-10 decidió presentarse de largo ante las cámaras, creo recordar, que para ir a ver a la que fue la ministra de Cultura.

Aquí la solución está clara. O yo al menos así la veo. No tenemos más remedio, si queremos salvar al espectáculo, que apostar por la pureza. De hecho, la realidad me confirma esta premisa, pues en plazas donde el espectáculo es serio es donde mejor vitalidad disfruta. Fíjese por poner un ejemplo la situación de la Fiesta en Francia, país en el que ha sido declarada incluso patrimonio nacional. Nosotros, por nuestra parte, todavía andamos esperando a que el acomplejado de Rajoy eché la pata adelante aunque este no se ha significado nunca, ni en la vida ni en la política, por su valentía.

La solución pasa por encastar a las ganaderías. Perder algo de lo que se denomina “clase” por más movilidad y fiereza. La recuperación del espectáculo estará cuando el público deje de comer pipas en los palenques porque lo que ve en el ruedo le parece extraordinario y acapara toda su atención. Los toreros tienen que volver de nuevo a ser auténticos héroes, con páginas épicas escritas en sus respectivos currículos. El espectáculo tendrá que reivindicarse por todos y cada uno de sus tercios y no disminuirlo, comprimirlo y aislarlo en tan sólo el tercio de muleta. La gente tiene que volver a emocionarse con la arrancada de un toro que por tercera vez quiere comerse el peto del caballo de picar. Volverá a resucitar el espectáculo cuando el mismo se convierta en algo apasionante y único, donde la valentía, la heroicidad y el arte se hacen patente ante la cara de un animal agreste. Sólo así recuperaremos un espectáculo que de viajar al lugar dónde comento no tendrá ni animalistas ni ecologistas que puedan con él.

Y lo del G-10, el acercamiento del héroe al aficionado más o menos a hacerse el simpático y a convertirse en alguien mediático, me parecen tonterías sin base alguna. Tenemos los mimbres para seguir siendo uno de los espectáculos de masas más importantes de nuestro país. Ahora lo que toca es volver al origen. En el toreo, como en otros ámbitos de la vida, ya está todo inventado.