Vista de la playa.
Vista de una playa en la provincia de Cádiz.

Hace unos días caminaba tranquilamente por la orilla de una de nuestras cercanas playas. Con mascarilla, por supuesto. En medio de la orilla, dos vigilantes o controladores de la playa que para este verano ha dispuesto nuestra querida Junta de Andalucía, alertaban a un padre que se llevara al hijo con el que jugueteaba en la arena mojada. “Por favor, llévese al niño que esto es una zona de contagio”, increpó el vigilante.

Me llamó la atención que en un medio tan sano como puede ser una orilla de playa se pueda contagiar alguien del famoso coronavirus. Igual un especialista en la materia me podría responder y convencerme de lo contrario. Pero ciertamente lo veo complicado.

Mirando un poco más allá, mi vista topaba con un conocido establecimiento a pie de playa donde se ofrecen todo tipo de bebidas largas, cerveza fresca o los siempre ambicionados ‘mojitos’ que saben a gloria con estos rigores del calor.

Allí, nadie llevaba mascarilla y muchos no guardaban la distancia física de seguridad. Pero no había quien pusiera orden. En la orilla de la playa donde un padre jugaba con su hijo, sí.

Estas son las cosas que me llaman la atención de la pandemia. El gran angular para algunos aspectos y la puerta estrecha para otros. Se tiene que usar la mascarilla en una zona ajardinada con espacios abiertos y sin embargo si entras en el interior de un bar te la puedes quitar.

Estamos en un período de inestabilidad y sobre todo en un estado de incertidumbre. Aún se desconocen muchas cosas de este virus. Pero un poco más de coherencia no vendría mal. Estamos dispuestos a obedecer lo que nos digan las autoridades. Pero con más consistencia, por favor.