Jerez en Navidad.

Prepárense porque esto está a punto de comenzar. Las fiestas más largas de la ciudad. Las fiestas blancas… del equinoccio de invierno, las Navidades, llámenla como quieran.

Son esas fiestas que prácticamente ya han comenzado y que finalizarán allá cuando la cabalgata de Reyes busque la zona de Cristina para la adoración al Niño Jesús. Un periplo de algo más de un mes que se convierte en todo un calvario para muchos.

Muy pocos quedan ya en la ciudad que recuerden aquellas auténticas zambombas que desaparecieron con la lógica demolición de los patios de vecinos en los que muchos jerezanos vivían en condiciones pésimas. De los corrales de vecinos se pasó a las barriadas construidas por el ministerio de Obras Públicas ofreciendo a los ciudadanos un piso con habitaciones independientes y un cuarto de baño común sólo para la familia y no para todo el vecindario.

Y con este gran cambio social, se finiquitaron aquellas fiestas de Navidad en la que en aquellos corrales muy castizos, sí, pero muy penosos para la vida normal de una familia, se mantenían estas fiestas con canciones entresacadas del romancero y con una botella de anís del vecino que vivía con más holgura económica.

A la llegada de los años ochenta –quizá finales de los setenta- un genio de la ciudad como fue Manuel Fernández Molina, ‘Parrilla de Jerez’, grababa el primero de sus discos navideños. Una primera entrega que duró varias décadas. Patrocinados por la antigua Caja de Ahorros de Jerez. El guitarrista recuperó aquellas viejas canciones navideñas. Y creció una zambomba preciosa que se celebraba en algunos hogares de forma particular o en determinados locales hosteleros. Se cantaba con alegría y se manejaban un número elevado de villancicos que la gente, escuchando los discos de Parrilla, rememoraba e interpretaba. Recuerdo algunas en la peña Colchonera que fueron históricas.

Todo aquello duró al menos una década. Quizá más. Y el filón se descubrió por parte de las instituciones públicas, de distintas asociaciones, cofradías y peñas, así como todo tipo de bares, para la celebración de estas citas festivas.

Para colmo de males, las instituciones públicas, como casi siempre ocurre, no entraron en este asunto para elevar, motivar o dar calidad, sino más bien lo contrario. Para degenerar. Y en esta fase nos encontramos.

Las auténticas zambombas jerezanas se perdieron con la desaparición de prácticamente todas las casas de vecinos. Hubo una época dorada en los años ochenta y primeros de los noventa. No una zambomba como aquellas celebradas en los patios con un ambiente muy entrañable y humilde, pero sí ciertamente una zambomba que se podía vivir con intensidad. Y poco más se puede comentar al respecto. Bueno sí.

Hoy en día las zambombas no son fiestas para celebrar nada. Más bien para hacer caja hermandades y asociaciones. Un filón para todo tipo de hostelería. Se trata de una concentración en la que siempre se cantan las mismas canciones o villancicos. Pululan por estas fiestas todo tipo de borrachos y metepatas. Para la celebración de la misma es necesaria la intervención de un coro que prepare previamente los villancicos y anime al personal. El espíritu navideño generalmente campa por su ausencia. El cubata sustituyó al brandy o al bien oloroso. Existen todo tipo de zambombas dependiendo del estilo de personas que asistan. Nacieron los espectáculos navideños jerezanos que confunden aún más al personal cuando todo parecido a una auténtica zambomba es mera coincidencia.

En fin. Que todo aquello acabó y nos quedamos con unas fiestas que son larguísimas que parecen no acabar nunca y que sólo sirven para tener un motivo un sábado cualquiera para salir a la calles y de camino engordar unos cuantos kilos por la ingesta de todo tipo de dulces y delicias alimenticias. Y todo ello, adobado por un turismo que nos visita ciertamente despistado y que sólo sabe que en la ciudad la Navidad se celebra de forma muy flamenca pero que desconoce el origen de todo ello. Como la mayoría de los jerezanos. Así que prepárense, porque esto no ha hecho más que comenzar.

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