careto_sote1-1Ayer tuve que visitar una de esas grandes superficies que habitan por los exteriores de la ciudad. Me llevé una ingrata sorpresa cuando al acceder lo primero que se sobrevino no fueron dos chicas con buen tipo y una bandeja de jamón de la denominación ‘jabugo’, que hubiera sido un puntazo en estas fechas. No.

La que casi se me abalanza fue una chica que con un peto azul me intentaba vender la pobreza del mundo. Se trata de ese tipo de vendedores agresivos que en la calle Larga, desde hace meses y meses, casi te asaltan a la altura del Gallo Azul.

Personalmente no tengo nada en contra de las ventas. Pero lo que no veo de recibo es asaltar a nadie cuando camina tranquilamente. No sé si pagan impuestos por desempeñar una labor comercial. Son molestos y me fastidia que en una zona tan bonita de la ciudad uno tenga que acelerar el paso, decir que lleva mucha prisa o coger el móvil y hacer como el que va hablando. No hay necesidad alguna.

Por otro lado, hay que decir que yo no tengo la culpa de que en el mundo haya desequilibrios, hambrunas e injusticias. La obra social o de caridad de cada uno debe de llevarse en lo secreto y de manera silente.

Sé que este artículo sonará a políticamente incorrecto. Pero es lo que pienso. La imagen que dan algunas organizaciones no gubernamentales es inadecuada y en ocasiones penosa. Sabemos que las colaboraciones de todos son necesarias. Pero no se basen en ventas agresivas en las que parece que, por decir que llevas prisa, eres responsable de la tala de árboles en miles de hectáreas de la selva amazónica. No me vale.

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