Manuel Vallejo.
Manuel Sotelino

Manolo Vallejo se nos fue hace unos días. El recuerdo de la persona perdurará siempre entre su señora, hijos y sus nietos. Y también en la ciudad porque muchos jerezanos conocieron al bueno de Manolo Vallejo, bien por su condición de empresario bien por su afición al fútbol o bien por su devoción de hermano mayor de su querida archicofradía del Rosario de los Montañeses, durante décadas un tanto dejada y que últimamente está siendo recuperada por un grupo de jóvenes cofrades que, al fin, cayeron en la cuenta de que se trata de una de las grandes procesiones de gloria de la ciudad. Sin embargo, cuando el Rosario de los Montañeses no pitaba, ahí estaba Manolo Vallejo dando horas de su vida para, al menos, mantener la llamita viva de la devoción a la hermosa imagen del Rosario de los dominicos. Y es que, de un empresario que dedicó toda su vida profesional a la alimentación, no podía ser de otra manera, al ser los Montañeses, gente del norte que sembraron muchas poblaciones españolas con establecimientos de almacén de comida.

A Manolo Vallejo lo conocí hace años. Fue posiblemente cuando uno ocupaba la corresponsalía del diario La Razón en Cádiz. Por aquella época yo brujuleaba tela y siempre buscaba rellenar papel con cosas de la provincia que se despachaban directamente desde la sección de Autonomías en Madrid. Vendía bien mis temas.

El caso es que fui a Sadunia, su restaurante en el que cientos de comidas se organizaban, para cubrir vaya usted ahora a saber qué. Cuando todo acabó, quedé un buen rato en una mesa sentado alrededor de unos platos de queso y jamón junto con Manolo Vallejo y el también tristemente fallecido Pepe Sánchez, durante años director comercial de COPE y posteriormente de Radio Jerez. Un hombre con más kilómetros que una mobylette de la época de los cuarenta.

Deliciosa tertulia que aún recuerdo en el que Manolo hizo toda una disertación sobre los vinos de Jerez. “En cualquier gran superficie se puede comprar vino fino que lleve poco tiempo embotellado. Aunque es recomedable que lo hagas en mi ‘cash’”, decía con gracia Manolo.

Y Pepe Sánchez. Recuerdo que, hablando de los aguardientes para hombres, tras disertar del de Cazalla de la Sierra, señaló Rute y su famoso Machaquito en su ruda modalidad de muy seco. “Fíjate si en Rute son aficionados al aguardiente fuerte que cuando hacía calor se iban a Écija a degustarlo porque conforme se iba elevando el nivel de la temperatura también el Machaquito ganaba un par de grados. Y así era como les gustaba tomarlo a aquellos hombres que eran de una vez”. Vallejo se reía de la gracia de Pepe Sánchez. Y yo también. Descanse en paz el bueno de Manolo Vallejo.