Hdad del Soberano Poder por la zona del Gallo Azul.

La semana que esta a punto de acabar está siendo más movida en lo cofrade que los registros sísmicos llevados a cabo en los últimos cinco años en el estado de Zacatecas. El epicentro partía desde este mismo medio cuando ofrecíamos a nuestros lectores la primicia de la resolución negativa llevada a cabo por parte de la delegación diocesana de Hermandades y Cofradías para que La Sed llegara a la carrera oficial.

Inmediatamente, en los corrillos cofrades se hacían cientos de análisis sobre dicha resolución y a la tortilla se le daba todas la vueltas que fueran necesarias. Palcos, dineros, sillas, comparaciones, un vistazo a la reciente historia de las cofradías y hasta la entrada del Soberano Poder en Cristina con la marcha real, para que todo quedara rematado con una buena guinda en el vértice del debate.

Visto lo visto, las cosas parecen mucho más fáciles de lo que parecen. A todas luces, la delegación ha actuado con rigor y sensatez si tenemos en cuenta que la Iglesia, por tradición, siempre se ha dado los pasos sin prisas (las cosas de palacio…). Si algún error hemos podido observar por parte del órgano encargado de dirigir a las cofradías como entes pertenecientes a la Iglesia Universal, ha sido, precisamente, lo contrario. Es decir, un tiempo en el que se calibraba este asunto desde el punto de vista cuantitativo y no cualitativo. Y si no fue así –que podríamos estar equivocados-, lo pareció. Una hermandad, decíamos hace unos días en nuestra páginas cofrades, tiene cientos de vericuetos y de singularidades. Cada una se adoba en una cazuela distinta. Por tanto, ofrecer como único requisito el tiempo era un error garrafal. Traspié que ahora se está queriendo subsanar.

Después vendrán los palcos, los repartos y las carreras oficiales. Pero todo esto debería de ser un tema secundario. Pues las cofradías, si se afianzan en lo puramente monetario y en crecer solamente en patrimonio, están perdidas; por muchas nuevas que se quieran crear. Monseñor Mazuelos Pérez declaraba en estas mismas páginas que el arraigo es lo importante. Y no nos cabe la menor duda de que esa es la buena dirección a seguir. Arraigo, trabajo de apostolado y creerse servibles para la mucha mies a la que la Iglesia nos invita recoger. No hay otra solución. Ya vendrán los canastos tallados y los dorados en los barcos. Los pasos de palio y el contador de Dani Carretero echando humo tras registrar más nazarenos que costaleros para sorpresa de todos.

Y de camino, con esta nueva postura, entendemos que correcta por parte de la delegación, no se pierde una jornada preciosa que se creó casi por casualidad y que el Jerez cofrade –quizá por aquello de haber sido una creación propia- estaba dispuesto a defenestrar. Por esa inclinación casi enfermiza que tenemos de que todo lo nacido aquí no vale un duro.

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