Gran cantidad de jerezanos quisieron estar durante la jornada del domingo en la Feria del Caballo de Jerez 2017


El sol lucía en todo lo alto. El azul del cielo se recortaba a través del templete de la caseta de González Byass, que estaba más bonita que nunca. Unas palmeras metalizadas en cobrizo oficiaban de pasillo de entrada a la tradicional caseta mientras que un mar de personas se agolpaban en la puerta. No. No era para entrar. El cronista curioso preguntó y gran número de aquellas personas habían quedado con algún conocido o amigo, o amiga, que cada espera a quien le viene en gana. “Llevamos un rato aquí en la sombra del árbol porque he quedado con gente”, comenta una simpática jerezana que se abanicaba cada diez segundos como si fuera un resorte. No nos adelanta más pistas. Que sea corta la espera, se le desea mientras mira el móvil entre descanso y descanso de abaniqueo.

Subieron las temperaturas, pero no fue un calor asfixiante. Los coches de caballos se paseaban por el Real. Y aquí hay que poner un punto a tener en cuenta. Eran enganches de servicio público para los viandantes. Lo cual perdía cierta prestancia en el atuendo de cochero y lacayo en algunos pescantes que dejaban mucho que desear. Eso sin contar con una prueba que no fallaba: Levantar el brazo y gritar ‘cochero’, aparececían cinco calesas preparadas para el paseíto. Los pequeños detalles hay que cuidarlos. Todos tienen derecho a entrar en el Ferial pero bajo unas pautas muy exigente.

Otro de los problemas que venimos notando desde hace ya bastantes años es la gran proliferación de casetas con músicas que deberían de estar prohibidas en el Real. Quien quiera escuchar ‘reguetón’ puede acudir a una discoteca. Algunas casetas no dejan de ser discotecas con farolillos. Eso sin contar lo desastroso que queda una guapa señora vestida de flamenca bailando un merengue.

Por lo demás, alegría, luminosidad, colorido, ambientazo, sonrisas y buen ambiente. se derramaba un caudal importante de rebujito entre las copas de cristas (cada vez son más fáciles de encontrar, lo cual es un punto a favor). Se trata de la ciudad de la alegría que, casa año, esta ciudad edifica con gran salero en el recinto del González Hontoria. Toda una proeza para que el visitante se divierta y el jerezano se reencuentre con su fiesta.

Hay una gran variedad en la carta de precios y la gastronomía cada vez se supera en la Feria donde ya es posible poder comer alguna delicia fuera del trío maravilloso que durante años conformaron los cimientos de la gastronomía ferial: la tortilla, los pimientos fritos y el pescaíto frito. Viva la creatividad gastronómica en la Feria de Jerez.

¿No ha ido todavía? Pues no se lo pierda. Se trata de la Feria más bonita del mundo. Todos los años se repite allá por el mes de mayo. En parque González Hontoria para ser más exactos.

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