Representación de la obra 'Don Juan Tenorio'.

Una tradición la de Todos los Santos que parece habérsela comido la cultura anglosajona pero que en realidad no es así


La solemnidad que hoy día 1 de noviembre celebra la Iglesia no es la reunión de todos los santos conocidos como si tuviera que tener el santoral una especie de gala donde todos se reúnen para culminar el santoral.

Fue Urbano II quien en el siglo XIII decide recordar a todos esos santos que la Iglesia no tiene recogidos en su santoral por el anonimato en el que se desarrollaron sus vidas. Eremitas, misioneros en las junglas o cristianos en el último rincón de la Tierra que decidieron vivir en santidad y que murieron en paz con Dios y el género humano. Más o menos esto y no la convivencia de santos recogidos por la Iglesia por sus nombres en una festividad ‘globalizada’.

Por tanto se trata de una festividad con un gran arraigo en la historia de la Iglesia. Como ejemplo se podr`´ia citar la solemnidad de la Inmaculada es mucho más reciente en el devenir de la Iglesia.

Los ‘Huesos de Santo’ y tradiciones como la de mañana de visitar los cementerios conforman y dan vigor a estos días donde el hombre también recuerda que es caduco y que la muerte es una ‘señora’ hostil que en cualquier momento se nos puede presentar.

Pero, ¿por qué se representa el Tenorio en estos días? La respuesta la encontramos en la parte fundamental de la obra imperecedera de José Zorrilla que se desarrolla en un cementerio, entre tumbas y muertos que vuelven a la vida. El escritor vallisoletano actualizó esta obra, pues se trata de un argumento también con un profundo arraigo en la cultura popular. Tanto es así que cuando Zorrilla estrenó su obra en 1844, hacía ya siglos que se venía celebrando y representando esta historia que se desarrolla dentro del marco de la vida y la muerte, la santidad y el pecado, el mundo y sus placeres junto con el disfrute del Edén y la perfección espiritual. Ejemplos de la representación de esta obra fue la que en el siglo XVII hizo Tirso de Molina con su ‘El burlador de Sevilla’. Un personaje mundano y que cuenta la tradición que se inspira en Miguel de Mañara, excelente sevillano fundador de la Santa Hermandad de la Caridad de la Capital Hispalense, aunque todo esto pertenece a la leyenda más que a la realidad.

Fuera de España también tenemos a esta historia representada en Moliére cuando escribió su “Dom Juan oú le festin de pierre“, o Mozart cuando compuso una ópera inmortal, “Don Giovanni“, y así podríamos seguir hasta el presente. Destaco aquí la obra magistral de Gonzalo Torrente Ballester que se atrevió con una novela llamada así: ‘Don Juan’.

En contra de lo que parezca, cada año hay en España más representaciones del Tenorio; en los pueblos, en las capitales y en los barrios. Se trata de una obra tan imperecera que sería necesaria que se estableciera la cultura anglosajona durante decenas de años para que el Don Juan fuese totalmente olvidado por la tradición cultural española. Por mucho que la festividad anglosajona de ida y vuelta como es la de la celebración de la noche de las brujas se vea cada vez con más vigor, podrá al menos en un presente con la carga cultural de nuestro Tenorio.

¿De qué va la obra? Pues resulta que Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía, calaveras notorios, borrachos, pendencieros, jugadores, mujeriegos… se juntan en Sevilla y ya se sabe, fanfarrones los dos… “que apostaron, me es notorio, /a quién haría en un año / con más fortuna, más daño“. Y un año justo después se vuelven a encontrar en torno a una mesa de La hostería del laurel de Sevilla, teniendo como testigos a sus amigotes y, sin saberlo (estamos en pleno Carnaval, así que pueden ir enmascarados) Don Diego Tenorio, padre de nuestro héroe, y Don Gonzalo, el comendador, padre de Doña Inés. Y con ese selecto público cada uno de ellos empieza a contar las barrabasadas que ha hecho en esos doce meses (y a fe mía que les cundió).

En contra de lo que pudiera parecer, José Zorrilla, siempre trató con cierto desprecio esta obra y nunca se sintió orgulloso de la revisión que hizo a pesar de haber sido su más famosa y celebrada producción literaria. Al parecer fue un hombre de mal carácter y cada vez que se le recordaba a su famoso ‘Tenorio’ respondía con gran enojo y furia. Cosas de la vida.