No quisiera hacer uso de un ‘chauvinismo’ barato ni escribir un artículo cargado de demagogia. Simplemente quiero reflexionar sobre lo que somos, de dónde venimos y el lugar que nos depara el futuro.

Estamos a una semana de la Cuaresma, se abre ese pórtico de los azahares y de los altares de cultos para dar paso a la primera en el palquillo. Tendremos una previa el Sábado de Pasión. Una pena que se pierda. Fabricada en Jerez, muchos la quisieran para ellos.

Y observo nuestra Semana Santa. La de esta ciudad que muchas veces sólo sabe ponerle pegas a todo. Ponemos demasiadas trabas a todo y nunca estamos contentos por el sencillo hecho de ser de Jerez. Pero lo cierto es que hemos evolucionado mucho y bien en esto de las cofradías. Hace unos días, en la redacción, veía una fotografía de archivo de una capilla musical. Cada músico iba vestido a su manera. Uno vestía una chaqueta clara. Hoy, eso, no entraría en la Carrera Oficial. Es inamisible. El nivel es altísimo. El público en general desde hace algunos años guarda en muchas esquinas un silencio respetuoso y los exornos florales son bellísimos. Todo se coloca con gusto y tenemos algunos pasos de palio que deberían de ser bien de interés cultural.

Deberíamos de sacar algo más de pecho. Saber que somos lo que somos y vender lo mucho y bueno que se pasea por las calles jerezanas en nuestra Semana Mayor. Tenemos una gran Semana Santa ¿Habrá que mejorar? Por supuesto que sí. Pero cálmense todos y siéntense a vivir intensamente lo que tenemos y lo que hacemos. Disfrutarán mucho más y serán más felices. No soy optimista antropológico. Pero quería escribir esta ‘Crestería’ con cierto color positivo. Así que después de esta pequeña tregua que se apaguen las luces y que comience la función. Y sin ‘tiritos’, si es posible.

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