Belén en la iglesia de San Francisco.
Portal de Belén en la iglesia de San Francisco en Jerez.

Llegó la fiesta de la Navidad del Señor y pasó casi como una exhalación. Todo pasa y todo queda. Pero lo nuestro es pasar, como diría Machado.

Estas han sido las Navidades de la pandemia que está asolando a prácticamente la totalidad del mundo. Las fiestas de los miedos y del recuerdo a aquellos que se fueron. Con toda seguridad serán unas fechas para olvidar, aunque al mismo tiempo las recordaremos siempre.

Pero también han sido unas Navidades auténticas. Sé que esto que escribo hoy no es políticamente correcto. Pero nadie me paga para escribir y recibir el aplauso. Escribir es mojarse y contar la vida bajo el prisma que uno la observa. Esperar el aplauso es aprovechar las letras para tu propia vanagloria.

Casi todo lo que nos ha traído este COVID-19 ha sido para olvidar. Crisis sanitaria, gobiernos que desgobiernan con cinismo y engaños, crisis económica, miedos, tensiones y, lo más grave, millones de fallecidos en todo el mundo. Todo esto sin contar con cientos de miles que sufren actualmente la enfermedad o que la han superado pero con secuelas.

Sin embargo, el contexto que nos ha dejado la pandemia ha propiciado que estas Navidades hayan sido más auténticas. En este año de 2020 quedó fuera toda la desmesura de una celebración que gran parte del mundo la vivía con un alto grado de desenfreno. En nuestra ciudad, desde mediados de noviembre ya aparecían los mantecados en las tiendas y las zambombas resonaban con tanta antelación que cuando llegaba la Nochebuena todos estábamos empachados de tanto ‘Marinerito’. Este año no he visto gente borracha tiradas por las aceras a altas horas de la madrugada. Fines de semana interminables con zambomba al mediodía y zambomba por la noche.

En definitiva, las fiestas se han vivido con más sobriedad. El Niño Dios vino al mundo y hay que celebrarlo. Y este año la llegada del Divino Salvador vino en un humilde pesebre que es como un canto a la moderación que nos ha impulsado a tener un poco de más espíritu navideño.

Lógicamente estas Navidades no han sido las mejores. Muchos nos han dejado en este año por culpa de la dichosa enfermedad. Y no serán las mejores porque no pudimos celebrarlo con los nuestros. Pero sí han sido más auténticas. Que no vuelva más una Navidad como esta. Pero tampoco deseo unas fiestas faltas de moderación y cargada de exageraciones porque, como diría Santa Teresa de Jesús, estas no son buenas ni tan siquiera en la virtud.