Instantánea del día del estreno de la Banda Municipal de Jerez, dirigida por D. Germán Álvarez-Beigbeder

careto_sote1-1Manuel Sotelino
Mucho se ha hablado e incluso escrito, sobre un delicioso momento vivido el pasado domingo en la salida del palio de la ‘Reina del Transporte’ con motivo del cierre del año jubilar de la Misericordia.

El instante nos sobrecogió a todos los que estábamos por la zona de la Victoria cuando el palio blanco del Transporte llegaba a saludar a la hermanada cofradía de la Soledad. Tejera casi nos confundía a todos formulándonos la pregunta de si en realidad era una escuadra de tambores lo que se había contratado para el regreso de la Virgen a la Basílica. Pero sonó la música cuando el palio llegada a la Victoria. Unos acordes extraños y armoniosos que provocaron que hasta se acallaran las copas de los árboles, acariciados por la fresca brisa de la noche.

Sonó ‘Nuestra Señora de la Soledad’, marcha de procesión compuesta por uno de los jerezanos más geniales que han nacido en Jerez: Don Germán Álvarez-Beigbeder.

Álvarez Beigbeder fue uno de los más aventajados compositores musicales de España en el pasado siglo. Destaca su importante catálogo musical en el ámbito cofrade con marchas tan impresionantes como Cristo de la Expiración, que podríamos afirmar que es la ‘banda sonora’ de la Semana Santa de Jerez, pues no se entiende ya nuestras cofradías sin esa sobrecogedora pieza musical. Con tan sólo dieciséis años, compuso una marcha extraña, personalísima e inigualable como es ‘Al pie de la cruz’. Una obra maestra.

Afortunadamente, la creación de D. Germán sigue viva gracias a la labor de recuperación de bandas de la categoría de Tejera de Sevilla o nuestra Municipal que nunca dejó de admirar la obra de Beigbeder.

De culto, quedan unos discos que en los años ochenta grabara la afamada banda de la Armada de Madrid, dirigida por su hijo David Álvarez Beigbeder, en la que sus marchas suenan con un eco que llega hasta lo más profundo.

El pasado domingo, muchos gozamos con el momento de la Victoria. La lástima, en ocasiones por desconocimiento, es que muchos cofrades no descifraron que aquello fue momento Beigbeder.

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