López Simón saliento por la puerta grande de El Puerto.

Seis toros de La Palmosilla, bien presentados y de buen juego.

Juan Serrano “Finito de Córdoba”, palmas y bronca.

Alberto López Simón, oreja y oreja.

José Garrido, vuelta a ruedo tras petición y oreja.

La plaza registró un cuarto largo de entrada en tarde agradable.

En El Puerto se estaba en la gloria. La tarde era para enmarcarla. Ni frío ni calor. Me recordó al monte Tabor. No sé si la empresa pensaría lo mismo. Me da a mí que no. Y he de darle la razón cuando argumenta que a Morante hay que ponerlo dos tardes. Y a Manzanares, también. En una cartelería de feria, podría tener sentido un cartel así. Pero en El Puerto ni hay fiestas ni es feria. Plaza de temporada que deja al descubierto las carencias de la Fiesta. Y es que los toreros taquilleros son los que son. Mañana torea Morante, y se espera un casi lleno. El gran público quiere toreros de relumbrón. Y del resto, que se encarguen los abonados que son los aficionados. Parafraseando al gran Jesulín, cabemos en un autobús.

La corrida de la Palmosilla sirvió. Y estuvo bien presentada. Se dejó y aunque con algún toro con un punto de mansedumbre se movió y pasó con aprobado alto. No salieron toros espectaculares, pero todos tuvieron su punto y sirvieron.

Finito anduvo con ganas en su primero, toro dócil y noble que le permitió llevar a cabo una faena de largometraje y mano muy baja, sometiéndolo y llevándolo largo y muy toreado. Lástima que lo echara todo a perder con la espada.

Y no se acopló con el cuarto, al que dieron bien en el caballo. Se puso complicado en banderillas y llegó muy parado a la muleta. Finito trató de justificarse, pero tras dos coladas muy feas optó por tirar por la calle del medio. No anduvo tampoco fino con los aceros y fue abroncado.

López Simón sorteó un primer toro que anduvo a su aire y sin emplearse en los primeros tercios, pero que acabó “rompiendo” a bueno en la muleta. El madrileño se mostró dominador y técnicamente perfecto en una faena en la que obtuvo un trofeo tras una estocada tendida.

Estuvo nuevamente impecable frente al quinto, al que entendió a la perfección sobre todo por el pitón derecho. Faena larga e interesante del madrileño, que, aunque abusó en ocasiones del pico de su muleta, no fue óbice para que lograra otra oreja que le granjeaba la salida a hombros.

El primero de Garrido tuvo tanta clase como poco fuelle. Del extremeño se entregó y extrajo muletazos de buena firma por los dos pitones. No obstante, a la faena le faltó esa chispa de emoción para que hubiera sido triunfal.

El sexto fue un toro manejable y Garrido volvió a enseñar que es un torero a tener en cuenta. Valiente y capaz. Logró una oreja de las de peso.

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