La Virgen de Consolación en su paso en el convento de Santo Domingo.
Imagen de la Virgen de Consolación de Jerez.

Preciosa leyenda la que se cuenta sobre la Virgen de Consolación que forma parte del copatronato de la ciudad de Jerez. Una leyenda que tiene su origen en el Mar Mediterráneo cuando el navegante genovés Domingo Adorno (vulgarmente llamado Miser Doménico Adorno) navegaba junto a cinco naves más. Lo hacía por el golfo de Rosas en Gerona. Allí les sorprendió una gran tormenta que llevaba la embarcación a pique. Tras denodados esfuerzos por parte de la marinería, y casi dando ya por cierto el naufragio, quedó a la vista dos pequeñas luces que se acercaban. Una vez a la vista, la tripulación aclamó el milagro de encontrar una preciosa imagen de la Virgen María, a la que se habían ya encomendado como consecuencia de la tormenta.

Tras llegar la calma y dejar la embarcación al comando de la imagen, Domingo Adorno soñó ver a la Santísima Virgen decirle “llévame a Jerez, al convento de mis hijos los frailes dominicos que voy para consuelo de los jerezanos”.

A la mañana siguiente la embarcación se encontraba en el Puerto de Santa María. Y de allí se preparó el traslado de la pequeña imagen sobre un carro tirado por bueyes. Sin saber bien cómo ni dónde dejar la imagen, los bueyes tiraron hasta llegar a Jerez, y de ahí, ir buscando la portada de la iglesia conventual de Santo Domingo para parar en el mismo cancel de la puerta. Todos dieron por voluntad expresa de la Virgen que allí debía de quedar.

Poco a poco los frailes predicadores fueron erigiendo una capilla de gran calado para la imagen hasta llegar a la que hoy en día se puede observar justo en el crucero del templo.

Muchos han sido a lo largo de la historia los favores concedidos a los jerezanos por la Virger de Consolación, hasta el punto de quedar como Copatrona de la ciudad de Jerez junto a la Virgen del Socorro.

Hoy, festividad de la Natividad de la Santísima Virgen, se celebra también su advocación. Y se hará esta tarde noche con una Solemne Eucaristía y la procesión claustral dentro del atrio de la iglesia conventual.