Podría haber sido una túnica de la Coronación de Espinas. O del Prendimiento, o quizá la túnica del Transporte. Piense el lector en la que quiera porque no estoy autorizado para desvelar la autoría. Pero sí que fue una túnica. Y hete aquí que llegó tras una larga estación de penitencia a la tintorería de turno a darle un buen repaso.

Ocurrió que el hermano nazareno olvidó que tenía la túnica en la tintorería y allí estuvo algo más de un año. Quizá dos o tres. Vaya usted a saber. Los asuntos eran otros y quizá pasó a la costalería. O simplemente quiso dejar pasar unos años sin vestir la túnica.

El caso es que llegó el día en el que el hermano decidió volver a acompañar a su Cristo y a su Virgen desde las filas nazarenas. Así que recordó que su túnica quedó en la tintorería desde aquel año en el que la llevó para limpiarla. Llegó el cofrade a recuperar lo que era suyo y cual fue su sorpresa cuando acertó a ver la puerta del comercio cerrada por suspensión de pagos. La crisis había hecho mella en el negocio y se vio obligado a cerrar.

Siguiendo la pista de su túnica, se supo que, muy posiblemente, algunos de los artículos guardados en la tintorería quedaron en depósito en el Ministerio de Hacienda, en la capital de España. Y curioseando el cofrade por saber a dónde podría estar su atuendo, pensando en recuperarla, supo que ésta se sorteó en el Ministerio pasados unos meses sin que nadie la reclamara.

La estampa no podía haber sido más pintoresca. Entre cuadros firmados por pintores de renombre y vehículos embargados, en algún lugar del Ministerio tuvo que haber salido a subasta la famosa túnica perdida. Muchos de los que acertaron a acudir a dicha subasta tuvieron que quedar con cara de póker.

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