Manuel Sotelino

La política se ha convertido en un deporte más con el que gran parte de ciudadanos juega en su particular trinchera como si se tratara de la defensa numantina de los colores de la camiseta de un club de fútbol.

Las ideas pasan a un segundo término y solo se trata de llegar más lejos que el contrincante. Como si se tratara de un encuentro en el que los puntos o la eliminatoria la gana quien meta más veces el balón en la portería contraria.

Recuerdo el sano debate deportivo que suscitaba la figura de Javier Clemente. El entrenador vasco siempre apostó por ganar aunque fuese por la mínima y con el autobús aparcado entre los palos de su portería. Otros, en cambio, tenían un concepto del fútbol más idealista. Había que ganar pero jugando bien y teniendo un estilo.

La política se ha convertido en ‘clementista’. Se trata de dar una patada a seguir para ganar metros y quitarte a los delanteros de tu línea de 22 lo más rápidamente posible.
Los partidos políticos llevan jugando a todo esto desde hace décadas. Ahora, este sistema ha contagiado a sus seguidores. No se defienden unos valores por parte de los votantes sino que, parafraseando al deficiente debate de los políticos, se escenifica un “y tú más”.

Toda esta reflexión viene como consecuencia de lo ocurrido con Antonio Saldaña cuando decidió coger su vehículo pasado de copas. El asunto tiene los suficientes gatos como para que el PP de Cádiz se haya marcado un ‘sánchez’ —como si no tuviéramos bastante con uno—. Tras pedir la dimisión de Saldaña el pasado domingo, ahora solo solicita un cese de sus labores como portavoz en el grupo popular en la Diputación. Una cosa hoy y mañana la contraria.

Esto, que en una democracia con un mínimo de madurez sería inamisible, se aplaude ahora desde el criterio de muchos que comparten los postulados populares. Y se escribe también.
En Alemania, un ministro, por pillarle en un plagio en su tesis doctoral, tuvo que irse a su casa. Y en Inglaterra, el homónimo a Fernando Simón, también. Y fue por verse con su amante en medio del confinamiento.

Lo de Saldaña, qué duda cabe, es menos grave. Pero bien podría haber valido una buena disposición de su cargo en manos de su partido. Valores y preparación parece tener para forjarse un nuevo futuro.