Feria de Jerez 2017 cuando cae el crepúsculo en el Real del González Hontoria

Ayer fue el día de la mujer. Aquello, en su día, tuvo su sentido si se tiene en cuenta que veníamos de otros tiempos y otros ámbitos. Las mujeres andaban amarradas a la pata de la cama y poco más o menos que su mundo se medía entre la tienda de alimentación y la cocina. Fue un adelanto aquello de que asociaciones, agrupaciones y reunión de amigas tuvieran su día en la Feria.

Ahora las cosas han cambiado y las mujeres forman una parte importante de nuestra sociedad. No creo que la presidenta del Banco Santander necesite un día propio para disfrutar de la Feria del Caballo. Se ve un tanto anacrónico que tengamos que estar a vueltas con la mujer. Por parte del cronista, que siga. No ponemos impedimento alguno. Pero también podría tener vigencia el día del hombre y el del medio pensionista. Puestos a tener un día, hagámoslo para todos.

El hecho de que haya paragüeras en el circuito llama al sexismo y al hecho diferenciador. Al reclamo a través de la carne. Sin embargo, el día de la mujer no llama a reclamo alguno ni tampoco suena a reduccionismo. Son las contradicciones del ‘frikismo’ político que vivimos en el presente.

Pero la Feria estaba bellísima. La Feria no sería lo mismo sin las mujeres (pido perdón si la frase suena un tanto sexista). Grupos de mujeres ofrecieron ese colorido y esa alegría única que necesita la ciudad de la alegría. Mujeres que procedían de asociaciones vecinales o de un grupo de gimnasia que se reúnen para mover el esqueleto. Todo vale para quedar el miércoles en ir junta a la Feria. Otras no necesitarían estar vestidas con una marca de tabaco y un paraguas bajo el brazo para ofrecer los dones que la madre naturaleza le ha dotado. Sin obligación alguna. Lo hacen de muto propio.

feria_jerez_atraccionesAtracciones

Rato después visitamos las atracciones que también forman parte de la vida de la Feria. La música a toda pastilla y las luces fundamentan una parte importante del recinto ferial. Atrás quedaron atracciones que siempre recordaremos. Como el laberinto de los cristales, las carreras de dromedarios, el pulpo (nadie piense en ese baboso pasado de rosca que lo soba todo) o los caballitos de la reina. Ahora las atracciones deberían de llevar un manual para cortes de digestión o primeros auxilios para súbitos infartos. Suben y bajan. Dan vueltas sobre sí mismos y amenazan con grandes chorros de agua como si aquello fuera ácido. Los feriantes de las atracciones son atrayentes para quienes reflexionamos sobre el comportamiento humano. Ese señor que ya prácticamente está extinguido y que anima a las personas que suben a la olla con el “toma meneo”. Hombres con la piel curtida y gafas de sol que repiten como autómatas los mismos movimientos entre vuelta y vuelta. Siempre está el musculitos que luce bíceps entre las mujeres que suben a las atracciones con los volantes del traje de flamenca. Sin duda que los ‘cacharritos’ tienen mucha literatura. Falta esa gran novela que nos narre la vida de estas personas que se ganan la vida durante medio año danzando de una feria a otra. Tienen percha literaria.

Finalmente el cronista quiso visitar las tartanas de comidas. Que a nadie le quepa la menor duda de que Master Chef podría tener un buen caldo de cultivo con estos establecimientos ambulantes. Un chocolate medio caliente y unas porras pasadas de aceite harían rugir a Chicote en una pesadilla en el Real de la Feria. Sin embargo cuando llega las tres de la madrugada y el estómago aprieta es el momento en el que llega el ‘agosto’ de estos negocios.

La Feria es así. Nadie la va cambiar. Con sus sombras y sus luces nocturnas. Y con sus mujeres. Sea o no sea su día. Que para lucir palmito y formar parte esencial de la fiesta no es necesaria tener jornada alguna.

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