Cartel anunciador del Festival de Jerez 2018

Hace unos días hablaba con un periodista de los buenos de nuestra ciudad que dedica su labor informativa a la temática flamenca. Le decía yo que pocas veces he escrito de flamenco. Y no porque no entienda que algo sé del tema, sino porque cada vez que le he metido mano al asunto he salido ‘trasquilado’. Nunca llueve a gusto de todos y los que nos dedicados al sabio oficio de la escritura estamos siempre en el filo de la navaja a no ser que escribas continuamente de muertos y te erijas ‘seudoespecialista’ en los obituarios. Es una disciplina facilona y exenta de peligros porque los finados ya no hablan…

Le decía yo la admiración que me despertaban los compañeros que les toca ‘bregar’ con la gente del flamenco mientras él me respondía que yo no me quedaba atrás con el complicado mundo de las hermandades; ahora inmerso en ese tiempo denominado por él como el de ‘berrea cofrade’. En fin, cada asunto tiene sus curvas peligrosas.

Ahora me desquito de esas pocas veces que escribo de flamenco para comentar lo de la ‘berrea’ del tal Canales, que se ha marcado un mensaje en las redes sociales poniendo a Jerez y a su festival flamenco como el centro del bodrio nacional.

Ciertamente son pocas las ocasiones en la que los jerezanos nos ponemos de acuerdo. Pero el de la berrea ha dado en la línea de flotación y, mire usted por dónde, Jerez entero piensa que este tipo está de sobra en la ciudad. Ha sido fulminado del festival que se va a celebrar a finales del mes de febrero y posiblemente sea declarado como persona ‘non grata’.

En ese maravilloso teatro Villamarta donde se centra la atención del acontecimiento flamenco ya no estará ni la berrea del Canales pegando taconazos ni el busto de Pemán, al cual se le ha calibrado por su perfil político –si es que lo tuvo- y no por su genio literario. La diferencia entre ambos es que Pemán ya no puede hablar a no ser que el busto gesticule, cuestión que sería llevado al debate de los acontecimientos paranormales. Canales sí podrá seguir despotricando. Y también será catalogado, sobre la mesa de Cuarto Milenio, como un caso ya no sólo paranormal, sino único en el mundo por el tamaño de su estulticia.

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