San Fermín
Imagen con muy pocas personas de la hora del chupinazo este año en San Fermín.

Jerez puede ser de las ciudades más ‘sanfermineras’ de España. Hace años me prometí a mí mismo escribir cada año un artículo sobre las fiestas de la vieja Iruña mientras que no fuese a vivirlos y a sentirlos. Y así fue. Todo creo que fue llevado por uno de esos libros que te marcan y que los colocas entre los dioses de la mitología. Se llama ‘Fiesta’ y está escrito por Hemingway.

Después fui a vivir los Sanfermines. De la mano de Pepe Agarrado y de mi amigo Patxi. Y allí estuve. Y descubrí dos cosas: que las fiestas de Navarra son algo que tiene veneno y que la novela del premio nobel no es para tanto, según muchos navarros de los que guardo un grato recuerdo.

Recuerdo de los navarros y recuerdos de la fiesta. Única en el mundo por sus singularidades. Veinticuatro horas al día dedicados a la diversión, al baile, al buen comer y al beber, a madrugar y, por supuesto, a los toros que forman parte de la geografía de las fiestas de San Fermín. Sin el toro, nada se entiende.

Pues este año nos quedamos sin el chupinazo en los corrales de la calle Santo Domingo. Sin el cantico de los mozos y sin ver los toros pasar por Mercaderes y Estafeta. El maldito bicho nos ha privado de muchas cosas. De pasos en las calles, de la feria y ahora de los encierros por la mañana.

Las fiestas de San Fermín seguirán el año que viene si Dios quiere. Y si no, será el siguiente. Y seguiremos viviendo intensamente aunque no vayamos hasta allí los encierros y las corridas de toros, con sus peñas pasándoselo en grande en la zona de sol.

Y San Fermín, seguirá teniendo un trocito de su corazón, aunque sea muy pequeño, que mirará hasta nuestra ciudad. Porque Jerez también es San Fermín. Que los que saben de esto un poco entienden perfectamente lo que me digo ¡Viva San Fermín!