Paso de palio de la Piedad por la calle Juan de Torres el pasado mes de noviembre.
La Virgen de la Piedad por la calle Juan de Torres el pasado mes de noviembre.

Y que a nadie le quepa la menor duda. Jerez es una ciudad de película. Y si no que se lo cuenten a los responsables de ir buscando por esos mundos de Dios encuadres que sirvan para filmar las más celebérrimas secuencias.

Hace unos meses, una serie producida por la plataforma Netflix cuyo nombre ahora no recuerdo sirvió para darle un empujón a las obras que se estaban llevando a cabo dentro del plan de remozamiento del convento de Santo Domingo. Fueron horas de rodaje secreto, pues se guardan tanto las tomas de lo que se rodó allí que es mucho más factible recuperar las claves de los soviéticos para lanzar sus bombas atómicas que encontrar el rincón donde se hizo un trávelin.

Bromas aparte, en estos días hay una serie sobre sabrá Dios qué personaje fantástico que está rodando en la calle Juan de Torres. Debieron haber dado con este enclave los responsables de las localizaciones cuando la Piedad pasó por allí el pasado mes de noviembre. Pues no cabía más hermosura que cuando dejó su fragancia la Reina del Calvario en aquella noche de su vuelta a casa en la salida extraordinaria.

Hace unas semanas era posible apuntarse como extra para unos días de rodaje que va a haber en Jerez también para una serie en una plataforma internacional. El caso es que estamos de enhorabuena y Jerez debería de trasladarse al Hollywood californiano para hacerle sombra a Sunset Boulevard.

Y todo ello ha venido ocurriendo con contenedores sucios, calles sin apenas barrer, transporte urbano de pena, un barrio histórico que es una pena –vaya que si estuviese de punta en blanco resucitaría el mismísimo John Ford– y así un montón de cosas más.
Jerez es una ciudad de cine. No lo piensen más. A pesar de los serios problemas en los que vive, todavía sigue siendo una ciudad para hacer un buen enmarque.