Jesús y Juanma Muñoz tras el rojade de 'El verano que vivimos' en el Tabanco San Pablo

El rodaje de la película ‘El verano que vivimos’ se detuvo para grabar algunas secuencias en uno de los tabancos más castizos de Jerez

“¡Motor!, ¡acción figuración, acción!” Y el Tabanco San Pablo se convirtió en el escenario perfecto para rodar. Eran las cinco de la tarde. Los rayos de los potentes focos colocados en la fachada frente al tabanco se colaban por las ventanas y por la puerta principal para ofrecer un haz de luz poderoso. “¡Tabaco para todo el mundo, quiero mucho humo en la taberna!”, gritaba el ayudante de dirección. Y el humo se deslizaba por el ambiente mientras el ayudante observaba cómo meneaba la cabeza Jesús Muñoz. “Perdón, he querido decir tabanco, no taberna”, puntualizaba el asistente.

Se trataba de una de las secuencias que se han grabado en Jerez con motivo del rodaje de la película ‘El verano que vivimos’. Y como no podía ser de otra manera, la cinta tiene también sus momentos de tabancos, de vinos y de humo de cigarrillos. Así que este emblemático establecimiento no eludió estar presente en el metraje. La ambientación reflejaba el tiempo del medio tapón. Aquella época tan jerezana donde el vino de garrafón rodaba por las baldosas de los tabancos tapadas con una fina alfombra de serrín para que no resbalara nadie.

El escenario del Tabanco San Pablo era idóneo para ambientar el Jerez de la época. Jesús Muñoz también ayudaba, junto a su hermano Juanma, en la figuración de la escena que se iba a llevar a cabo. Afirmaba, con un kilo y medio de nervios sobre la espalda, que “es un capítulo importante para el Tabanco San Pablo. Así que los anfitriones teníamos que estar presentes de alguna manera”.

Carlos Sedes, director del largometraje, se encontraba sentado sobre una mesa maciza del tabanco mientras mataba los nervios abriendo y cerrando una cajita blanca que parecía un dispensador de pastillas para el frescor de la boca comprada en la farmacia de la calle Corredera. El establecimiento parecía un hormiguero de currantes. Todos con una labor concreta que llevaban a cabo con premura pero sin aspavientos. Un ambiente organizado entre un laberinto de productores, tramoya y técnicos de imagen y sonido. Sedes hablaba bajo, pero cada orden se atendía al instante entre el revuelo constituido. “Debería de apuntarse con una tiza alguna cuenta en el mostrador”. Dicho y hecho. Siempre aparecía alguien que cumplía con la orden del director.

De pronto se hizo el silencio. Y comenzó el ensayo previo a la toma. Y con ello, la dirección de actores o el cambio de última hora de un trozo del guion que estaba previsto interpretar en el tabanco. El ayudante de cámara sujetaba una filmadora de esas que no se venden en los chinos. Cuando se alertaba el comienzo de la secuencia, un chico con pinta de noruego le daba a la claqueta marcando la secuencia y el orden de la toma. El ayudante alzaba como un levantador de pesas la cámara y la depositaba con mimo sobre el hombro del operador. Una vez dada la orden de que la cámara ya estaba enmarcada, el ayudante de dirección gritaba aquello de “¡acción figuración, acción!”. Y Blanca Suárez junto a Javier Rey –protagonistas de la película- comenzaban a interpretar la secuencia.

Exterior del Tabanco San Pablo mientras se rodaba una secuencia en su interior.
Exterior del Tabanco San Pablo mientras se rodaba una secuencia en su interior.

El Tabanco San Pablo vuelve a conseguir un hito. El rodaje de una película entre sus paredes cargadas de recuerdos de flamencos, carteles de toros y fotografías antiguas. Bajo el calor imperante más los grados de los focos que encendían la tarde por la calle San Pablo, la huella quedará marcada para siempre a través de esta película que a Sedes le está saliendo muy jerezana. Y es que, el color que tomaba el tabanco y lo puro de sus aristas, proporcionaban un ambiente que hasta bien hubiera sido un buena localización para una obra maestra de John Ford o Howard Hawks.

En cualquiera de los casos, bien vale un brindis con una buena copa de amontillado por la familia Muñoz. Y por el acierto de los responsables de ‘El verano que vivimos’ para grabar una escena típicamente jerezana. El título de la película no puede ser más recurrente. Será eso mismo lo que sientan Jesús y su hermano Juanma cuando vayan al estreno y vean su bonito tabanco inmortalizado para siempre.