Ginés Marín en una fotografía de estudio.

Ayer tuve la oportunidad de ver por primera vez al torero jerezano que fue adoptado por la tierra que ha sabido y podido convertirse en la más taurina de España: Extremadura.

Ginés Marín toreaba en Pamplona y, por cuestiones que ahora no vienen al caso, tenía muchas ganas de ponerle la lupa porque no pude verlo en Madrid. Su faenón de dos orejas en las Ventas la ví pero ya en diferido, y es distinto.

Ayer era el día. Y vi un torero que colmó con creces lo que me habían contado muchos aficionados y lo que yo ya presagiaba desde la distancia. Su actuación ayer en la vieja Iruña fue una combinación de torería, buen gusto, empaque y, sobre todo,  inteligencia.

Su primera faena fue de lo mejor que hemos visto en Pamplona este año. Cargada de esencias y con un cambio de manos combinado con un natural largo que nos recordó a aquel que hizo crujir a las Ventas del Espíritu Santo. Su colocación y su temple fue la constante de una faena que se ha convertido en la más interesante de la feria hasta el día de hoy. El toro le respondió pero también como consecuencia de un torero que técnicamente estuvo perfecto, embarcando con la mano a media altura para ir consintiendo al toro mientras iba bajando la mano para salir del embroque con el estaquillador por debajo de la pala del pitón. Toda una taurimaquia.

Posteriormente, y a sabiendas de que toreaba en Pamplona, se puso de hinojos y toreó al natural pero de verdad. Dando el medio pecho y dibujando semicírculos. Lástima que marrara con la espada.

Su segunda faena, quizá de menos intensidad que la primera y menos pulcra, encandiló al público navarro poco a poco. Fue una faena de menos a más en la que sacó a relucir su técnica, su torería y su inteligencia. No podía fallar a aceros y mató sin puntilla al victorianodelrío que tenía por delante. Dos orejas.

Hoy sustituye al bueno de Roca Rey. Posiblemente volverá a tocar pelo. Sin duda nos encontramos ante un torero que está destinado a ser figura del toreo. A comandar el escalafón en los próximos años. Hemos tenido la suerte de que este torero es de Jerez. Yo no me lo creía muy bien todo eso. Pero bastó con que Javier Somalo –sempiterno comentarista de los encierros- lo sacara en la televisión en la jornada de ayer para cerciorarme de que Ginés es jerezano. Su acento lo ‘delata’. Y eso, para nuestra ciudad, está pero que muy bien.

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