Seis toros de Juan Pedro Domecq, el segundo como sobrero, aceptablemente presentados y manejables en conjunto. Destacó por su nobleza el primero.

Juan José Padilla, aviso y ovación tras leve petición de oreja, y oreja.

Antonio Ferrera, que sustituía a José María Manzanares, dos orejas tras aviso y oreja tras aviso.

Andrés Roca Rey, oreja y dos orejas.

La plaza registró tres cuartos de entrada en tarde noche de calor.

Las corridas de El Puerto nos recuerdan a los relojes blandos de Dalí. Todo es lánguido. Tedioso, a paso lento. Nadie que interviene en el ruedo parece tener prisa. La presidencia, tampoco. Así se llegan a las más de tres horas de festejo, en el que el duro cemento del tendido acaba siendo como una tortura china ¿Se pueden recortar en tiempo los festejos en El Puerto? Por supuesto que sí. Pongamos algunos detalles a recortar: obligar a los alguacilillos que entren en el ruedo al trote o al galope si fuese necesario. Advertir de multa al torilero si le da por quedarse como un pasmarote mirando el ruedo cuando ya nadie queda en el mismo que no esté vestido de luces antes de abrir el portón, solicitar a los matadores que por mor de tener un diámetro amplio la plaza las vueltas al ruedo se den con premura, sacar el pañuelo tras dos lances de los matadores cuando reciben a sus toros, poner en conocimiento de los areneros que su labor se puede hacer con más celeridad, no dejar tiempos muertos entre toro y toro. Que el señor de la tablilla salga al ruedo a anunciar al próximo toro una vez ha salido el tiro de mulillas, decirles a los mulilleros que se sale, se engancha al toro, y se tira de las mismas con prontitud… Todos estos detalles ofrecerían en El Puerto el placer de finiquitar una corrida en el tiempo normal de un festejo que son las dos horas. Más o menos. Pero todo es lento… y vive Dios que quienes llevamos ya muchos años acudiendo a la plaza se nos hace interminable. Toda una odisea aguantar hasta el final.

El toro que abrió corrida, primero del lote de Padilla, fue protestado por el respetable al parecer acalambrado. La presidencia lo aguantó en el ruedo, al final, con muy buen criterio, pues se vino el animal arriba en el último tercio, moviéndose con gran clase por los dos pitones. Fue de los más destacados de la suelta. Lástima que le faltara el fuelle necesario. Padilla instrumentó muchos muletazos a lo largo de una faena en la que faltó mando. Ovación tras leve petición y un aviso.

Rubricó el jerezano su comparecencia este año en El Puerto de Santa María con mucha entrega y raza frente al cuarto, con el que se mostró variado con el capote y con muchas ganas en la muleta, lo que le valió para cortar una orejita tras un metisaca y una estocada arriba.

La repentina noticia de la baja de José María Manzanares, que se ha visto obligado a cortar la temporada por una grave lesión en la espalda, de la que será intervenido en los próximos días, cayó como un jarro de agua fría entre la afición portuense. No obstante, la empresa reemplazó al alicantino con otro torero en sazón como es Antonio Ferrera, que, a la postre, hizo el toreo más rotundo de toda la noche. Su primero fue un sobrero del mismo hierro titular falto de trapío y escaso también de clase, al que el extremeño metió en cintura en una faena de dominio y mucho oficio, que hizo corregir todos los defectos del animal, totalmente entregado en la franela, momento en el que Ferrera lo toreó a placer. Cumbre. Gran estocada, de la que salió el astado sin puntilla, y dos orejas de ley. Al quinto le construyó una faena laboriosa y de largometraje a un toro remiso y agarrado al piso, al que robando muletazos de uno en uno de tremendo mérito. Logró otra oreja.

Y Roca Rey sorteó en primer un toro a contra estilo, de esos que se mueven sin humillar, sin acabar de pasar, sin decir tampoco gran cosa. El peruano, no obstante, se puso el mono de trabajo y a base de entrega y exposición acabó arrancando una oreja tras una buena estocada. El sexto le propinó un volteretón escalofriante mientras instrumentaba un quite por gaoneras. No le dejó apenas sitio el peruano y el animal lo lanzó por los aires. Afortunadamente quedó todo en un susto. Se entregó nuevamente Roca Rey en la muleta en una labor de cercanías y emoción, de circulares y pases de todo tipo. Dos orejas tras una certera estocada.

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