Una carnceria.

Lunes Santo. Una carnicería cualquiera a primera hora de la mañana. De momento está vacía como un pozo seco. “Ya llegará la gente. Es normal. Ayer fue Domingo de Ramos y está el personal con la resaca”, comenta el carnicero.

De pronto llega una señora y pide los avíos del puchero. “No me eches mucha carne, Antonio”, señala la buena señora.

Son días de abstinencia. Y de vigilia. La carne se deja un poco al lado. Al respecto, nuestro carnicero que no quiere hacer publicidad de su negocio y por ello lo dejamos en el anonimato, señala que “poco a poco se va viendo cómo la gente va respetando la vigilia. Llevábamos unos años que se vendía tanto o más que en cualquier semana de junio. Pero este año y el pasado también se notó que la gente compra menos carne. O será la falta de líquidez”, sentencia.

Los días finales de la Semana Santa se guardará aún más la abstinencia de carne. Y volveremos una vez más a los garbanzos con bacalo y el arroz con leche. “En cualquier caso la carnicería sigue viva esta semana”, argumenta el carnicero.

Costumbres que antaño se guardaba por unanimidad y que ahora la gente se la toma con más relajación. La carne en los días Santos. Poca se come. Aunque nunca es tarde para llegar temprano colarte un buen montadito a carne ‘mechá’. Sin que haga falta que se haga a escondidas.