Salida de El Juli a hombros de la plaza de El Puerto de Santa María

Tres toros de Núñez del Cuvillo (primero, tercero y quinto) y otros tantos de Santiago Domecq (segundo, cuarto y sexto), desiguales de presentación y juego. Destacó sobremanera el segundo, de Santiago Domecq, de nombre “Dulzarrón”, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre.

José Antonio “Morante de la Puebla”, pitos, silencio y bronca.

Julián López “El Juli”, dos orejas, oreja, y dos orejas y rabo.

La plaza registró más de tres cuartos de entrada en los tendidos en tarde con levante.

La tarde que el maestro Rafael Ortega cortó dos orejas a un toro de Higuero con un éxito rotundo en Las Ventas de Madrid parecía que los astros no estaban a su favor. Fue la misma tarde que Curro se negó a matar uno de su lote y la policía se lo llevó a comisaría. Al día siguiente la prensa destacaba el éxito del ‘Tesoro de la Isla’, pero hacían más hincapié en la detención del Faraón de Camas. Así son las cosas. Morante ha decidido retirarse momentáneamente de los ruedos. La misma tarde que El Juli estuvo en El Puerto en estado de gracia. Una tarde para el recuerdo. Nunca olvidaremos cómo estuvo el torero de Madrid en El Puerto. Queda ya sellada para la historia. Sin embargo, Morante, que anduvo de puntillas por la plaza, anuncia horas después su retirada; como si quisiera eclipsar el éxito de Julián. Pero lo que estuvimos allí sólo hemos podido acabar con una idea: El Juli cumbre y una mala noticia por la retirada de Morante. Nadie sobra en el toreo, y menos Morante de la Puebla. Pero también es cierto que la gente hace un esfuerzo para ir a verlo. Y no se puede estar siempre tirando las ‘tres cartitas’. Así que sabia decisión de el de la Puebla del Río y ojalá este descanso le sirva para volver cuando sea pero con nuevos bríos. El Juli, dicho sea de paso, no tuvo misericordia. Y lo vapuleó. Los mano a mano siempre estuvieron cimentados en la rivalidad. Esa rivalidad bonita del toreo. Y si aquí fueron los dos a cobrar más por ser menos en el reparto, no vamos por el buen camino. Mano a mano es igual a rivalidad. Y El Juli borró a Morante de la plaza. Dicho sea de paso.

Eran dos toreros distintos, con tauromaquias y personalidades muy diferentes, pero ambos instalados en la cúspide del toreo actual. Uno como máximo representante del toreo de arte y el otro como uno de los colosos incuestionables del escalafón.

Las ganas de ver a ambos se tradujo en la mejor entrada de toda la campaña estival portuense, con más de tres cuartos del aforo de la plaza cubiertos pero, al final, la tarde solo tuvo un nombre, el de Julián López, que ofreció una gran corrida en la que pasó por encima a su supuesto “contrincante”, que, en contrarréplica, pasó por El Puerto como una sombra.

Lo mejor de la corrida, sin duda, llegó en el segundo, primero de lote del Juli, de Santiago Domecq, con el que el madrileño cinceló una de las obras más hermosas que se hayan podido escribir en los últimos años en esta plaza. Tanto con el capote, dejándose llegar mucho al toro, como con la muleta, Julián López estuvo sencillamente cumbre. Hubo muletazos relajados por el pitón derecho cargados de sabor y enjundia a lo largo de una faena que se recordará durante mucho tiempo. El bonancible público llegó a pedir el indulto del astado, que fue muy bueno, pero el Juli estuvo bien hasta en este momento, pues, lejos de venderlo y de tardar a la hora de hacer la suerte suprema, montó la espada rápidamente, que entró a la primera pero un tanto caída. Cayeron dos orejas. La vuelta al ruedo al toro sí fue justo reconocimiento al comportamiento mostrado durante su lidia.

El cuarto, del mismo hierro, fue un toro más mansurrón. Había que poderlo mucho. Y, a pesar del molesto viento que sopló en ese momento, el Juli lo metió en vereda por los dos pitones en una labor de oficio y dominio. Otra oreja para él.

Y no pudo haber un mejor broche con el sexto, un toro muy chico pero bueno y repetidor de Santiago Domecq. El Juli, en estado de gracia, le recetó un precioso quite por chicuelinas de manos muy bajas. La faena de muleta fue otro primor de buen gusto, de dominio y temple. Tandas largas por ambos pitones hasta lograr “hipnotizar” a su oponente, al que cortó las dos orejas y el rabo.

Morante pasó como una sombra por El Puerto. Se inhibió por completo en su primer “cuvillo”, que no aparentó comerse a nadie. No pasó de aparente su esfuerzo con el tercero, del mismo hierro, y volvió a tirar por la calle del medio en el quinto. La bronca que se llevó fue descomunal.

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