España parece que se va por el sumidero. No sólo se trata del grave problema catalán que ya, de por sí, es gravísimo. El problema de la disolución de una Nación tan antigua como es España se nos echará encima cuando estos incapaces soliciten ya no sólo el territorio de la región catalana, sino los denominados países catalanes. Una entelequia de la que vienen hablando desde hace decenios de años. El problema se nos echará encima cuando el País Vasco haga lo propio, y Galicia también. Esto no es un problema de deslealtad –que también lo es- ni un problema de incumplimiento de la ley. Se trata de una sórdida operación de desmantelamiento de nuestro país. En el fondo, el objetivo es la destrucción de España.

Toda esta maquiavélica estrategia se ha urdido en estos últimos cuarenta años de historia. Para llevar a cabo sus maléficos pensamientos hacía falta educar a los niños en las escuelas e inculcarles el fétido pensamiento nacionalista, cargado de mentiras como la de la tía de los dedos de la mano rotos. Y aquí es dónde encuentro el núcleo de esta grave crisis que vive España y de la que veo un incierto futuro. La educación es fundamental. Y el gobierno central se interesó en pensar que todo comenzaría en las escuelas. De ahí que tengamos este gobierno de cobardicas. Hay más de veinticinco libros distintos en España para explicar a los niños la historia. Así es imposible. Y en las universidades se ha extendido la idea de que todo el que no piense como tú es un fascista. Y todo porque el nacionalismo y una gran parte de la izquierda asumió que los signos nacionales –la bandera entre ellos- son los signos de una dictadura que debería de estar olvidada. Un pasado del que todavía existe revanchismo. Por eso Podemos para mí es el partido más involutivo y casposo de cuantos existen.

A nadie que haya estudiado en la escuela que Cataluña siempre fue una nación y que España es un estado que oprime se le podrá convencer de la verdadera historia. Siempre dirá que en el colegio se lo enseñaron así. Pero España ha consentido esta muerte lenta. Ya es tarde.

Y todo este grave problema que se ha cocido en las aulas ha venido como consecuencia de la incapacidad de ponerse de acuerdo los dos grandes partidos para los intereses de la Nación. Nunca hubo acuerdo en estos últimos cuarenta años. Y ahora tenemos lo que nos hemos ganado. Quizá incluso hasta demasiado tarde.

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