Llevamos unos días de bajas temperaturas. Las exclamaciones de muchos jerezanos es la de tener una temperaturas tan bajas es casi mejor que los rigores del calor.

Podrá ser así para muchos. Pero también es cierto que estos fríos tan húmedos, que te calan hasta los huesos, no traen otra cosa más que catarros sólo comparables con los que podría coger un rinoceronte y una factura de la luz que asusta a cualquiera. También es verdad que con el calor los aires acondicionados están a tope.

El caso es que nunca llueve a gusto de todos. Y lo que no es discutible es que estos días de frío emblandece el ánimo a cualquiera. Decían las radios y periódicos que ayer fue el día más triste del año. Siempre hay algo que celebrar. El día del nacimiento del ñu africano o la jornada dedicada a las patatas fritas con huevos con un toquecito de vinagre en la yema.

El frío tiende a entristecer. Y la tristeza no sé si irá con el frío porque esta ciudad está para llorar. Jerez está mucho más bello con sol y moscas, como los toros. Y este que suscribe, prefiere de todas a todas, jornadas más templadas. Hace frío que nos indica que el grajo vuela bajo. Muy bajo. A ver cuánto dura.

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