Cada uno cuenta la Feria según le va. Unos pasean atónitos y otros se divierten. La mayoría beben. Los catavinos parecen haber pasado a mejor historia y ahora te encuentras macetas de plástico que recuerdan a aquellos recipientes en los que la abuela sembraba yerbabuena. Rebujito o güisqui. Vaya usted a saber. Pero muchos se contonean por el ferial con esas indecorosas jarras como si tal cosa.

En las casetas había de todo un poco. Algunas vacías y con los camareros casi dormidos apoyados sobre las mesas de los ‘puitos’. Otras, en cambio, tenían ambiente discotequero. Eran las que más gente tenían. Atrás quedó, supongo, aquel ‘disco rojo’ que tanto rompió moldes en la Feria. Ahora es una más de las que pone salsa a las cuatro de la tarde y no precisamente a la castellana.

Uno, por corporativismo, entró en la caseta de San Rafael. Aquello era como un oasis o quizá una rareza. Sonaban sevillanas en directo y el personal bailaba. Me pedí una copa de oloroso y me la sirvieron en un catavino de cristal. Para rematar la buena jugada, me pidieron por la copa lo que es habitual en cualquier mostrador un día cualquiera en la ciudad.

La gente paseaba de allí para allá. La Feria estaba ciertamente bonita pero escasa de sol. La tarde grisácea apagaba ciertos fulgores de colores muy clásicos en el real.

La Feria ha ido evolucionando con el paso de los años. Cada uno dirá si para bien o para mal. Pero esto no es lo que era. En eso iba pensando cuando salía de la Feria y me encontré con una estampa clásica. El puesto de coco con ese chorrito de agua tan de feria que refresca el fruto caribeño. Eso no ha cambiado.

Una vez fuera, me encontré con varios tenderetes de zapatos. A diez chapas. Pensaba cómo podía ser que un negocio de calzado pudiera tener éxito en la Feria ¿Alguien podría acudir a la Feria para comprar un calzado y pasearlo en su caja por la calle principal del González Hontoria? Cosas de la Feria.

Una señora me alertó de que sí podía ser. Ella misma había comprado un par el día anterior ante el insistente dolor de pies. «Y están mucho más baratos que en los puestos de la plaza, hijo», sentenció. Ciertamente, como dijo el Gallo, hay gente ‘pa tó’. Y así salí de la preciosa Feria cuando llegaba la noche. Concretamente por la puerta conocida en Jerez como la del Bodoski. Sin ‘pescaíto’ frito.

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