Manzanares con la muleta en la plaza de El Puerto.

Ganadería.- Toros Garcigrande (1º, 3º y 6º) y de Domingo Hernández (2º, 4º y 5º), muy desiguales de presentación y de juego también variado. Encastados, quinto y sexto.

Julián López “El Juli”, de nazareno y oro: pinchazo y estocada (palmas); pinchazo, media y descabello (palmas).

José María Manzanares, de burdeos y azabache: dos pinchazos, otro hondo y descabello (ovación); estocada (ovación tras aviso).

Daniel Crespo, que sustituía a Pablo Aguado, de tabaco y oro: gran estocada (oreja); estocada (oreja).

Incidencias.- Casi lleno en los tendidos en tarde de levante. Daniel Duarte saludó en el quinto.

Daniel Crespo entraba por la puerta de la sustitución. Pablo Aguado finalmente no comparecía en el coso de El Puerto de Santa María al estar lesionado por una cogida sufrida en Gijón. Muchas devoluciones corrían por los corrillos taurinos desde primera de la mañana. Era una lástima porque muchos habían puesto ilusión en esta corrida ante la presencia del sevillano en el cartel. No obstante, la plaza registró una buena entrada finalmente y Daniel Crespo, joven torero portuense, vio, llegó y venció con un buen triunfo. Así es el toreo.

En el cartel acompañaban El Juli y José María Manzanares ante un encierro de Garcigrande, Domingo Hernández –no sé la razón por la que una misma ganadería se anuncia con dos hierros, es un verdadero lío para el cronista-.
El primero de la tarde no tuvo nada de fuelle, y ya desde los primeros lances con el capote ya evidenció su poca casta. La faena del Juli apenas tuvo relieve. Muchos enganchones ante un animal de condición pajuna, al que mató de pinchazo y estocada.

Más movilidad tuvo el cuarto, al que José Antonio Barroso agarró un gran puyazo, dándole la ventaja al toro y colocando en la pelota en la vara. El Juli empezó su labor con muchas ganas, pero pronto fue diluyéndose aquello a medida que le perdió el pulso al del Domingo Hernández, al que, además, toreó siempre por fuera. Mal con la espada volvió a recibir unas palmitas de consolación.

Manzanares se las vio con un toro sin cara ni trapío, que recibió lo suyo en el caballo antes que el alicantino lo muleteara con más ganas que gracia en una labor tropezada, sin pulso ni acople, epilogada por manoletinas y sin rúbrica con los aceros.

El quinto hizo bueno el refrán y fue el mejor de la corrida. Un toro que se movió mucho y bien, y que, además, exigió a Manzanares que mostró su versión más poderosa para recetarle pases sobre la diestra de notable calado, amén de los de pecho y una tanda al natural de mucho mérito. Lástima que tras la estocada tardara en doblar el de Domingo Hernández, lo que hizo que se enfriara el ambiente y perdiera así el trofeo. Fue ovacionado.

El primero de Daniel Crespo fue un toro badanudo y hecho cuesta arriba, al que apenas hicieron sangre en el caballo ni para un análisis. El portuense llevó a cabo una faena técnicamente impecable, sin atosigarlo, un punto perfilero, pero en la que fue ahormando a su antagonista para acabar bajándole la mano y gobernarlo por completo.

Faena con exquisito sello estético en la que se exhibió una importante dimensión y resuelta de un estoconazo hasta los gavilanes que hizo rodar al toro sin puntilla. Oreja de ley.

Salió Crespo a por todas en el sexto, un toro con raza al que había que hacerle las cosas siempre por abajo. Y así lo hizo el portuense con algunas series sobre la diestra de trazo largo y con el estaquillador por debajo de la pala del pitón. Al natural quizás anduvo menos entonado, pero el público había entrado ya de lleno en una faena vibrante y culminada de otro espadazo. Oreja para él.