Fotografía.- Javier Romero Díaz.

careto_sote1-1El Niño Dios ha nacido en cada hogar cristiano y ya estamos encaminados a rematar este año de 2016 al que le queda un suspiro. Haciendo resumen, este ha sido un año con algunas cotas importantes en el devenir de las hermandades. Por un lado, el cambio reciente de consejo. Pedro Pérez ha sido un presidente que ha intentado en estos años consensuar entre los hermanos mayores las competencias adquiridas por su equipo de gobierno. Quizá ese ha sido su ‘talón de Aquiles’ toda vez que el consenso total no existe y siempre hay parcelas injustamente tratadas. En el haber, ha sido un trabajo llevado a cabo admirablemente agotador. Nadie puede discutir que ha sido un equipo con una gran capacidad de entrega a las cofradías, con sus luces y sus sombras.

Otro de los hitos importantes de este año es la apertura de un templo tan importante para la ciudad como es Santiago. El barrio volverá, a partir de ahora, a adquirir la identidad que siempre tuvo porque los grandes templos aglutinan y representan un nudo a nivel social insustituible. Un nexo aglutinador que devolverá la vida tan necesaria en este enclave tan jerezano y tan auténtico. Además, sus hermandades ya no seguirán regadas por el barrio y ahora toca trabajar duro desde este templo histórico que gracias a Dios ha sido recuperado.

Entre tanto, muchas procesiones de fin de semana. Fundamentalmente en el último tramo. Pasará este 2016 por el año en el que, desde la delegación de cofradías, se aseguró no dar manga ancha para sacar un paso a la calle.Sin embargo, lo cierto es que cada fin de semana, la voz de un capataz ha resonado en las jambas de algún templo. En ocasiones, pasarnos de frenada puede traducirse en un efecto ‘bumerang’. Y en las buenas proporciones y en el sentido de la medida justa está el acierto. No pequemos de cansinos.

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