Azahar.
El azahar que cae sobre un vehículo.

La ciudad se ha quedado a medio gas como consecuencia de la grave pandemia que estamos viviendo en España desde hace ya unos días. Los bares están cerrados en su mayoría, aunque no deja de ser una vergüenza que veinticinco bares, cinco kioscos y dos peñas estuvieran abiertos hoy como si tal cosa y la Policía acudiera a esos lugares a cerrarlos. Siempre hay gente que no se entera de nada o que es incapaz de obedecer a nada.

La ciudad se encuentra en un lugar privilegiado. Con agradables temperaturas en estos días y donde pronto vendrá el calor y el famoso COVID-19 se irá a hacer gárgaras hasta el otoño. Pero hay que estar en casa. Hay que obedecer a quienes tienen la responsabilidad de que esto no se propague más de lo que ya está. Nadie pensó jamás que íbamos a vivir en Jerez un problema como este. Pero el asunto está ya aquí. Y lo estamos padeciendo. En el Hospital de Jerez ya hay muchos sanitarios contagiados y la cosa irá a más conforme vayan sucediéndose los días.

La Semana Santa jerezana se ha suspendido y de la Feria del Caballo nadie apostaría un centavo a que se dé con total normalidad.

La anormalidad es lo que impera en estos tiempos. Tanto es así que hace unos días decíamos en nuestra web que hasta el azahar se ha adelantado. La imagen es bastante descriptiva. Un vehículo aparcado en la calle Chancillería cubierto de flores de azahar. Este año, tendremos el olor dulce de la flor del naranjo. Pero nos faltará el deleite del incienso por las calles antecediendo a los pasos de las cofradías. Hay que asumirlo. Otro año será.