Allí y no en otro lugar, quiso la Virgen aparecerse con fuerza.
En medio de la Batalla de Aína y en el centro de un grupo de muchachos que jugaban a llevar por el barrio de El Perilón a una Dolorosa cuando llegan las fechas de Semana Santa. También El Consuelo es Reina de una mar de vecinos humildes.
Allí quiso aparecerse. Tan marcada huella dejó la Señora del Consuelo que, todavía, al número 35 se le sigue llamando la Casa de la Virgen.
Entró por primera vez en aquel lugar el primer día del mes de abril del año 1987, provenía de la calle Sol y su autor era Pedro Ramírez Pazos. Con mimo se la cuidó en la casa, especialmente por Nini Rendón que actualmente es su camarera. Hasta que, por fin, el tesón de los muchachos y el fervor popular del barrio propició que, de este humilde núcleo de El Perilón, brotara una Hermandad.
Traslado
Después de diez años en su casa, la Virgen se trasladó a la Parroquia de Las Viñas, y aquellos muchachos han ido cogiendo su propio rumbo, sus familias y sus vidas por separado, aunque siempre unidos por el amor a la Dolorosa del Consuelo que nació en la calle Sol para venirse a vivir a El Perilón. Muchachos cofrades como Mateo López, Víctor Manuel Abeledo, Juan Antonio Postigo, Juan Carlos Jiménez o el matador de toros Juan José Padilla.
Aquel encuentro con la Virgen no ocurrió en las marismas de Almonte ni en Villamanrique. Fue en medio de una batalla llamada Aína. Hace ya algunos años, comentaba Mateo López, actual hermano mayor de la cofradía, que "es cierto que se debería colocar una placa donde ponga que la Virgen del Consuelo vivió, vive y vivirá siempre en el número 35 de la calle, pero todo se andará".
Actualmente, el azulejo existe y sólo hay que acudir a dicha calle pelironera para disfrutarlo. Y así también, el pasado mes de marzo se cumplió el gran milagro y también el gran anhelo de la cofradía que no era otro que volver a su barrio para estar con su gente. Y de la parroquia de Las Viñas, la Virgen, junto con el Nazareno del Amparo, volvió para quedarse para siempre en su capilla. Muy cerquita de su casa que está en el número 35. Porque la Virgen habita la capilla, pero su verdadera casa está un poco más allá.
Como si fuera un juego, nació una cofradía. Cada Miércoles Santo, la Virgen visita su primera casa, sorteando la estrechez de las calles del barrio porque la cofradía no olvida su pasado. Una historia bonita de una Virgen que, según comenta Mateo, "no falla cuando le pides por un hijo que tengas alejado por cuestiones laborales o por un examen para sacar el carné de conducir".