La mañana ha levantado malhumorada y pegajosa. Por no haber, no hay ni bruma que ofrezca la clásica variedad del calor húmedo.
Calor a secas; altas temperaturas cuando el reloj alcanza las doce de la mañana y el sol ruge allá en lo alto. Calor sin tregua.
Llega el mes de julio y no hay más remedio que aguantar la canícula.
Sin embargo, en Jerez existen los oasis. Rincones frescos y con abundancia de agua agradable para los cuerpos serranos. Uno de estos agradables lugares para los días de verano está en el Club Nazaret.
Tres piscinas, tres, para que el socio elija donde se encuentra mejor. Se cruza la dura línea del mediodía y los cursos de natación para los chavales han finalizado. “Gracias a Dios” parecen decir los usuarios que esperan ansiosos en la entrada de la piscina. Se abren las puertas y todos a coger un rincón a la sombra. La toalla, el bolso para el móvil, las llaves y el Mp3 con una buena baraja de canciones para el verano. Y todo listo para pegarse un buen chapuzón.
Los más pequeños acuden a la zona infantil y pronto comienzan las zambullidas y los alegres salpicones de agua. Los de mediana edad y los más respetuosos con el agua, acuden a una ancha piscina de no menos de un metro y veinte centímetros. Se trata de buscar la seguridad de no perder el control y tocar suelo estés en cualquier rincón del rectángulo acuático. Y los más valientes, aquellos que aprobaron con nota los cursillos de cómo nadar los cincuenta mariposa y ahora se sienten un poco Michael Phelps, tienen la gran piscina olímpica para hacerse unos largos como les parezca.
La piscina del Club Nazaret es un clásico en Jerez. Divertimento, chiringuitos para tomarse un refrigerio y agua. Mucha agua para combatir las horas más rebeldes de calor. Así cada día, hasta las siete o las ocho de la tarde.
Hoy nuestro argumento viene refrescante a no poder más. Había que decirle adiós al calor aunque sólo fuera el minuto que dura la lectura de estos párrafos. La piscina del Nazaret es siempre un buen motivo para la agradable lectura.