Gafas tiradas en la arena de la playa.
Manuel Sotelino

Ya se sabe que Jerez no puede tener de todo. No hay nieve en invierno ni tampoco fresnos o chopos que dejen caer sus hojas cuando resplandece el otoño con esa luz crepuscular porque en Jerez no hay ríos. A no ser que te vayas a La Corta.

Tampoco Jerez tiene playa. Ya lo ideó en su día María José García Pelayo cuando era alcaldesa de Jerez. La quería montar en el Parque González Hontoria pero aquello fue tan irrisorio que prefirió dar marcha atrás.

El pasado martes en la ciudad caía fuego. Fue un día de esos en la que la gente no dice qué calor hace, sino más bien ‘la caló’ que hay. Que es distinto decir el calor que la calor. Que parece que hay como un aditivo en la expresión en femenino.

Calores las ha habido siempre. Basta con leer a los románticos que visitaban Andalucía en el siglo XIX para saber que aquello no era normal. Los ‘franchutes’ sudaban como cosacos con un barril de vodka mientras que los ingleses se freían pensando en el suplico que tuvo que sufrir el pobre de San Lorenzo.

El pasado martes, con motivo de esa ‘caló’ tan mala, a uno le hubiera venido de vicio haber tenido una playa a tres minutos. Pero en Jerez no hay playas. Sí que hay unas bodegas en las que se están la mar de a gusto porque están fabricadas para que el fresco y el viento de levante no fermente el vino. Pero, claro, tampoco tenemos una bodega a la que huir. Por no haber, en Jerez ya ni apenas queda ese olor a solera rancia que se desprendía de los ventanales de los cascos de bodegas en días de calor por la zona de la calle San Ildefonso.

El caso es que lo más cercano son las playas de nuestra querida población de El Puerto. Y ni tan siquiera se podía vivir allí que no fue hasta la playa de más allá de Vistahermosa y no se podía vivir en la arena.

Jerez no lo puede tener todo. Y aquí no hay playa. Lástima con lo que se le echa de menos con días donde ‘la caló’ te asfixia. Ya lo dijo mi Antonio Suárez un día tomando el fresquito junto a una copa de fino bien fría en una terraza después de un día de tronío. “He pasado tanta caló hoy que sentía como lo sesos se me freían. Lo sé porque todo lo veía color rojo candela”. Pues eso. No hay playa y mientras no la haya vayamos poniéndonos las gafas para ver todo rojo. No queda otra.