El torero Joselito 'El Gallo'.
José Gómez Ortega, Joselito 'El Gallo'.
Susana Esther Merino Llamas

Cien años sin Joselito,
cien años sin su abolengo,
cien primaveras sin él,
sin el rey de los toreros.

Cien veces la de San Gil
lleva clavado en su pecho
aquel dieciséis de mayo
como cien puñales negros.

y fueron cien los suspiros,
y los llantos sin remedio
y cien plegarias calladas
el sudario de su cuerpo.

Por el aire de Sevilla
cien silentes Padrenuestros
se entonaron en los patios
y en el río y sus secretos.

La tarde de Talavera
presagiaba luto y duelo
y José Gómez Ortega
desgranaba su misterio.

Su cintura como un mimbre
burlaba todos los miedos
cuando citaba al burel
derramando magisterio.

El asta de “Bailador”
cuando todo estaba quieto
lo ensartó como a un clavel
que deshojó en el albero.

La rubia arena del coso
se tiñó para el recuerdo
de la sangre del de Gelves
y del arte de sus quiebros.

Su cuadrillaba lo lloraba,
y ya no había consuelo
para aquel Sánchez Mejías
que se enfundó de lamento.

Ya no habría más estampas
con ese porte tan regio
ni tendidos inundados
del clamor de los pañuelos…
Ni paseíllos cuajados
de capotes de paseo
con Joselito mandando
con sólo pisar el ruedo…
Ni el percal de su muleta
irrumpiendo en el silencio
al fundirse con el toro
en acuarelas de ensueño…

Cien años sin Joselito,
cien años sin su abolengo,
cien primaveras sin él,
sin el rey de los toreros.

Pero el rictus de la muerte
se trocaba por momentos
en piel de bronce y canela
y en su porte siempre regio…
y es que con Ella se vio,
esperándole en lo eterno,
a la que tanto rezaba
y confiaba sus secretos
y que tanto acompañó
vistiendo de nazareno…
con su Virgen Macarena,
porque quien bebía los vientos
y quien le abrió con su mano
las mismas puertas del Cielo.