Ya han pasado unos días desde que Morante de la Puebla dijera adiós, momentáneamente, al toreo en activo. Nadie duda que el torero de la Puebla del Río volverá. Y así se lo demanda la propia Fiesta, pues el panorama taurino sin Morante no es lo mismo.

Sin embargo, es interesante hacer un análisis sereno de la razón que le impulsa a este torero tan genial a tener que irse de los ruedos. Argumentó que su retirada venía como consecuencia de delegados gubernativos, presidentes y veterinarios que imponen un toro fuerte en todas las plazas. Sin duda que era una razón demasiado improvisada, en caliente, en el momento. Todos sabemos que en El Puerto hubo baile de corrales y que la corrida reseñada no se pudo lidiar al echarse para atrás prácticamente todos los toros. Pero las corridas se remiendan. Y Morante, como Curro Díaz o Paco Ureña, está sobradamente preparado para estoquear una corrida terciada junto a una con kilos y remate. El torero sevillano ha demostrado sobradamente estar preparado para estar delante de toros en Bilbao, Madrid o Sevilla. Y cuando lo ha estado delante de un toro con trapío su figura ha relumbrado con más brillo si cabe. Todos sabemos que ese tipo de toro no sale en plazas sureñas, y menos en El Puerto de Santa María. Así que no nos parece una razón totalmente verificada.

Busquemos las razones que impulsan al torero a irse de los ruedos. La presión, el día a día, el atracón de toro, la fortaleza física y psicológica necesaria para estar en casi todas las ferias importantes son razones más que suficientes para tomarse un descanso y colgar los trajes de luces.

Además, el entorno, posiblemente, le ha jugado una mala pasada. Morante siempre ha estado a la búsqueda de un hombre de confianza que no le adule y que le diga las cosas a la cara sin aspavientos y sin darse coba. Morante es un torero genial, pero necesita a esa persona que le hable a solas en las habitaciones de los hoteles con la verdad por delante y olvidando su capacidad innata para hacer del toreo una belleza aterciopelada. Tampoco es necesario a un Antonio Corbacho. Pero un adulador que le diga que el mundo es injusto y que él vale mucho más de lo que la vida le pone por delante ha dado como resultado a un Morante cansado de tanta palmadita.

El toreo se queda un tanto tullido sin la presencia de este torero tan singular y con tanto empaque. La historia continuará porque también a Joselito lo mató un toro en Talavera y la Fiesta no se paró. Pero se le echará de menos con su genialidad y su capacidad de improvisación en la cara del toro. Volverá. Estamos convencidos. Y cuando vuelva, queremos ver esa sonrisa de Bienvenida sellada a fuego en su cara. Que disfrute de su profesión, que no mire la tablilla cuando salga el primero de su lote y que sepa encontrar a esa persona que lo guíe mirándolo en horizontal: de hombre a hombre. Sin darse coba. Reconociendo su genialidad, pero también sus errores. La Fiesta saldrá ganando mucho.

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