De izquierda a derecha, Manuel Sotelino, Leonardo Galán y Antonio Ojosnegros

Manuel Sotelino

Esta mañana, mi amigo y compañero Curro Orgambides me lo comentaba. Ha fallecido Antonio Ojosnegros. Vaya una manera de comenzar el día. No somos nadie.

Ojosnegros era un tipo que nació en una de las poblaciones en las que mejores vinos salen: Peñafiel. Vallisoletano, a Antonio lo conocía de hace ya muchos años del mundo del toro. Gran aficionado. Nunca se daba coba. Hablaba con la pasión de los buenos aficionados de las luces y las sombras de la Fiesta.

Colaboró con distintos medios. Y nunca hubo una ocasión en que le llamaras y no estuviera a tu disposición. Llevó su programa propio en Radio Puerto. Pero no tenía la picardía suficiente para sobrevivir en esto de los medios y duró poco. Siempre estaba en los tendidos de la plaza de El Puerto. Su plaza. Donde lo conocimos y donde lo disfrutamos.

Antonio Ojosnegros era una buena persona. Se había batido el cobre en los océanos en su vida activa de marino. Estuvo en los submarinos y embarcado en las mejores naves de la Armada. Probablemente el mar le había abierto ese sendero que arrastra la corriente para llegar a la orilla de la buena gente.

Recuerdo muchas con Antonio. Pero que quedo con una en la que fui a El Puerto a ver una sin caballos nocturna. Iba solo y lo vi en los tendidos, como siempre. En la plaza real se estila mucho eso de comer cuando el festejo es nocturno y Ojosnegros llevaba una tortilla española. La abrió y la compartió conmigo. Posiblemente la mejor que me he comido en la vida. Con chorizo y pimiento. Me dijo medio sonriente que la había preparado él. Que era un experto. Sin discusión que aquello era delicioso. Sólo faltó haber regado esa tortilla con los caldos de tu tierra, Antonio. Esa tierra vallisoletana que ahora te deseo que te sea leve. Los taurófilos nunca te olvidaremos.

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