Manuel Sotelino
La vega del Guadalquivir siempre fue tierra fértil. La tierra rica y rojiza acoge la influencia del río propagando un vergel de riqueza. Estamos en el corazón de la Bética, tierra de cultivos y de naranjos. De frutales y de empresas hortofrutícola que se desarrolla por tierras de Lora hasta llegar a Palma de Río.
Allí, desde hace noventa y dos años, la familia Moreno cría sus toros de puro encaste Saltillo. Un encaste que a principios de siglo fue crisol de sangre brava, cuando el marqués de Saltillo, no muy lejos de estas tierra, en la preciosa población de Carmona, creaba este encaste con vacas y sementales de Picavea de Lesaca, venido del tronco principal de Vistahermosa.

Actualmente, José Joaquín Moreno Silva, en medio de sus ricos naranjales, tiene alrededor de doscientas hectáreas de campo dedicado a sus toros. Su padre, don Alonso Moreno de la Cova, heredó parte de la vacada de su padre, don Félix Moreno Ardanuy, de pura procedencia Saltillo. Además, en el año 1959, don Alonso Moreno de la Cova, que fue un gran aficionado y un esmerado ganadero de reses bravas, también adquirió bajo su nombre parte reses de la ganadería salmantina de Paco Galache, de pura procedencia Urcola. Así que desde hace medio siglo, “urcolas” y “saltillos” han convivido en las tierras de La Vega, casi a las orillas del río Guadalquivir.

toros_moreno_silva_urcola-2Víctima de los modas impuestas por los taurinos y por las figuras del toreo, que sólo están dispuestos a matar toros procedentes del denominado “monoencaste” Domecq y, si acaso, algo de Carlos Núñez, las reses de la familia Moreno Silva han ido perdiendo predicamento y cartel en las ferias de España. Hoy en día, ver una corrida de pura estirpe Saltillo es una rareza sólo reservada a plazas como Madrid o el sur de Francia. Francia… siempre dándonos lecciones de cómo debe de ser la Fiesta Brava en todo su variedad y esplendor. Y si hablamos de los famosos “urcolas” que dejara a su hijo don Alonso Moreno de la Cova… eso sería ya hablar de un imposible. “Apenas tenemos ya fuerzas para seguir luchando con lo de Urcola. Se perderá porque no existe demanda. Y cuando no hay demanda lo mejor es que vaya desapareciendo”, nos comenta Enrique, el mayoral de la casa que nos recibe por la mañana y que nos invita a subir a su tractor para echar de comer al ganado.
Una pena que aquellas reses que tuviera don Félix Urcola, un bilbaíno de clase burguesa que acudió a la rica Sevilla de primeros de siglo XX. De la rama del afamado Barbero de Utrera nació la rama Urcola que posteriormente desembocaría en Murube, Ibarra, Parladé, Tamarón… hasta llegar al toro moderno de Domecq y Núñez. Pero los afamados “urcolas” de don Alonso Moreno de la Cova están al borde de la extinción. Recuerdo al maestro Andrés Vázquez cómo me hablaba en una de nuestras tertulias de un toro de don Alonso Moreno de la Cova en Madrid, y de cómo disfrutó de aquella faena. “Yo la recuerdo como la más perfecta que he hecho en mi vida”, comentaba el “Brujo de Villalpando”. Aquel toro se llamaba “Estudiantino” y lo lidió Andrés Vázquez en junio del año 1970 en la plaza de Madrid, donde los “urcolas” presumían de gran predicamento entre la afición venteña.

Ahora, en La Vega, apenas quedan algunos cuatreños. “No sabemos dónde colocarlos y aquí están sin destino”, apostilla Enrique. Y quedan otros ocho toros más que los tiene don José Joaquín en otra finca. “Es lo único que queda de Urcola”, nos comenta. Después vimos entre los erales de machos algunos “urcolitas” que iban y venían entre los guapos “saltillos”. Y a la espera de la desaparición del encaste. Quedará una porción que conserva Victorino Martín y que la tiene en venta y otra pequeña porción que todavía queda en la familia Galache. Estas son las verdaderas embestidas que sufre la Fiesta. Qué pena.

Pero un poco más allá están esos toros finos de cabo, tocaítos de pitones, cárdenos y entrepelados en su amplia mayoría. De mirada viva, chatitos de cara, degollados y lomotendidos, una preciosidad como resultante del trabajo de décadas de ganaderos y de la esmerada selección de bravo. Casta pura asaltillada en su máxima esencia. Un auténtico capital genético del que Moreno Silva disfruta en su fina de La Vega, a las orillas del Guadalquivir.

toros_moreno_silva_plaza_tienta_azulejos-103Hay que remontarse a mediados del siglo XIX para quedarnos en las tierras llanas de los alrededores de Carmona. Allí, don Antonio Rueda Quintanilla, primer marqués de Saltillo, decide hacerse ganadero de reses bravas. Las ganaderías de bravo siempre daba eso que se denomina “marchamo”, prestigio y casi diríamos que despertaba envidia. Sobre todo si te hacías ganadero de fama y respeto en el mundo de los toros. Don Antonio decidió comprar la ganadería de Picavea de Lesaca, oriundos de Navarra y que a su vez habían adquirido una de las ramas de la de Vistahermosa por la línea de Salvador Varea e Ignacio Martín, por cierto, este último ganadero jerezano. Hay ciertos tratadistas recientes que afirman que la antigua de Picavea de Lesaca no proviene en su integridad del tronco Vistahermosa. Si tenemos en cuenta que Lesaca trajo algunas de las reses navarras de su tierra de origen y que pudo haberlas ligado con las compradas a Ignacio Martín, el encaste estaría conformado en la liga de este encaste navarro con reses andaluzas del tronco de Vistahermosa. No nos pronunciamos al respecto, pero sí podemos afirmar que el toro de Saltillo en poco se asemeja a sus “hermanos” del tronco Vistahermosa como la rama del Barbero de Utrera. Y esto, en la casa de Moreno Silva, se observa de una manera muy clara, pues lo de Urcola en poco se parece a lo de Saltillo, siendo, en teoría, ambas ramas primigenias de la antigua de Vistahermosa. Pero nada hay demostrado al respecto y la historia y los distintos tratadistas sólo nos cuentan que las dos ramas proceden del mismo tronco. El lector puede sacar sus propias conclusiones con las fotografías que adjuntamos.

Siguiendo con las historia de Saltillo, las reses pasan a las fincas del marqués en Carmona. Así hasta dos generaciones más. Y es en 1918 cuando se vende el hierro y la ganadería a don Félix Moreno Ardanuy, pasando los toros de sangre Saltillo a esta familia. Comentar que con anterioridad se hicieron algunas ventas de los afamados toros de la familia Quintanilla y que fueron muy importantes. Destacamos la que se hizo al marqués de Santa Coloma que los ligó con sangre “ibarreña”, propiciando su encaste propio “santacolomeño” y, por otra parte, las ventas hechas a la familia González Llaguno que viajaron hasta México y que produjeron al toro mexicano de la actualidad desde la ganadería de San Mateo, siendo el toro del país azteca de pura estirpe Saltillo casi en su totalidad.
José Joaquín Moreno Silva es nieto del don Félix Moreno Ardanuy, y por tanto heredero de esta estirpe de toros “Saltillo” que actualmente pastan en La Vega. Las reses están repartidas entre La Vega y la finca “Molino Chirrión” en Espartinas donde están las cerca de 180 vacas de saca así como los ocho sementales que ligan. A la Vega llegan las añojas a la espera de ser tentadas y pasar a madrear si son aprobadas, de vuelta, a Espartinas mientras que todos los machos se quedan ya de erales en la finca hasta llegar a novillos o cuatreños. Repartidos en extensos cercados que suben hasta una sierra donde se divisa toda la zona de la vega del Guadalquivir, los toros asaltillados de don José Joaquín campan y reinan en la zona, observando desde el montículo de la sierra las extensiones de gran parte de la riqueza que asoma por la cuenta del Guadalquivir. Toros de una casta inigualables, de una bravura poderosa que los hace tomar los engaños y querer repetir siete u ocho veces seguidas. Además, el toro Saltillo tiene una gran ventaja, pues acude siempre con los hocicos por el suelo, dibujando un surco, y por tanto con mucha calidad. Exigen mucho porque para aguantar ocho embestidas de estos toros hay que tener un corazón a prueba de bomba, pero son toros agradecidos, que se entregan cada vez más y que van siempre a más. Así que una faena resuelta a un toro de tanto poder sobredimensiona al torero y lo hace un gigante, un héroe.

Pero las figuras del toreo no piensan de la misma manera. Y desde hace años, los toros de don José Joaquín Moreno Silva están también condenados al ostracismo. Una novillada muy brava este año en Vic Fezensac ha propiciado que la temporada próxima vuelvan con una corrida de toros. Así también se habla de una corrida de toros que iría a Madrid en San Isidro, pues toros hay con suficiente trapío para ir al primer coso del mundo, donde este hierro es reconocido y esperado siempre. Y después otra corrida más que podrían caer en cualquiera de las plazas francesas. Asimismo, también hay otras tres novilladas preparadas ya para la temporada próxima.
Podemos decir que la ganadería está en claro ascenso. En el año 2009 lidió una gran novillada en Madrid que le hizo levantar vuelo. Y ahora, cada vez que lidia, se esperan los afamados toros de Moreno Silva. Bravos en los caballos, poderosos en banderillas y repetidores y humillados en la muleta. Pero eso sí, exigiendo mucho a quien se pone delante porque no te permiten muchos fallos. Hay que llevarlos muy empapados de tela en la muleta y no toleras un uso muy extendido en la tauromaquia actual: llevar la muleta retrasada y estar al descubierto, llevándolos siempre en línea recta. Saltillo pide el carné de torero y se entregan cuando se desarrolla el toreo pleno de pureza. Muleta siempre adelantada, embarque de la suerte en la panza de la muleta para someter por abajo y rematar en la cadera sacando el estaquillador por debajo de la pala del pitón. En una palabra, el toreo de siempre.

Estamos convencidos de que este gran aficionado como es don José Joaquín Moreno Silva sabrá llevar a sus toros a lo más alto de nuevo. Simiente existe en La Vega. Un ganadero romántico que está en esto por afición y por cariño a un encaste minoritario y fuera del circuito. Así nos lo asevera el mayora del a finca, el bueno de Enrique, que apostilló con un claro “habrá Saltillo para largo”, y esto nos tranquiliza.

Y en cuanto a sus afamados “urcolas”, pues decirle al ganadero que no desista, aunque sabemos que estas palabras poco podrán hacer para que funcione el hierro de don Alonso Moreno de la Cova. Don José Joaquín, espere usted un tiempo prudencial. El día que desaparezcan los “urcolas” de La Vega, un trozo del toreo será arrancado de la Fiesta. Y lo cierto es que en la diversidad está la riqueza. No soplan vientos favorables como para poder prescindir de una parte tan importante de nuestra Fiesta Brava. Historia viva que pasta casi a las orillas del Guadalquivir, en esa Vega que conserva todavía aquello que tanto costó crear a otras generaciones.