Lo que queda del hotel Palmera Plaza en Jerez.

El total abandono de las instalaciones se traduce en una panorámica que ahuyenta a los visitantes


Todavía se recuerda cuando estaba operativo. Se trata del hotel Palmera Plaza. Su inauguración se hizo a bombo y platillo. Sólo faltó que Duke Ellington estuviera presente con su banda para amenizar el cóctel que se organizó para la apertura de sus puertas.

Quien suscribe recuerda entrega de premios taurinos. Presentaciones de libros y actos llevados a cabo por instituciones de la ciudad. El lugar era de auténtico privilegio. En la esquina que divide la calle Pizarro con el Pozo del Olivar. A un lado, se encuentra una de las bodegas que todavía produce sus vinos a la vieja usanza: Sánchez Romate. Parecía como si de sus paredes traspasara ese olor a Cardenal Mendoza que tanto se valora en los salones del Vaticano. Aunque creo que la curia es más del brandy Lepanto.

En cualquiera de los casos, aquello se cerró. Y fue pasto del pillaje y de vándalos que lo han dejado tan desnudo como un recién nacido. Según se cuenta de allí salieron muebles de caoba y lámparas que en nada tienen que ver con las producciones de IKEA.

Tanto es así que extrañados los juzgados del pillaje sin que nadie denunciara, se abrió una operación de búsqueda desde los tribunales para localizar al dueño con el fin de preguntarle si quería presentar denuncia. Pero la propiedad parece, según se desprende de lo leído, que practica el noble juego de presentar la mejilla izquierda cuando se le abofetea en la derecha. Y poco más se sabe del asunto.

El caso es que ahora es un rincón abandonado que debe de dejar un tanto ensimismados a los turistas que vienen o van al Recreo de las Cadenas o al museo del carruaje.

Ciertamente muy agradable para una ciudad que siempre fue industrial, cambió para adaptarse a lo turístico y recibe ahora a sus visitantes con imágenes tan seductoras.

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